Printable Version Printable Version

LA VOZ DEL OBISPO: Ungido por el Espíritu Santo

By EXCMO. y RVDMO. MONS. MICHAEL SHERIDAN
04/21/2017 | Comments

(A continuación se presenta la homilía predicada por Mons. Sheridan en la misa crismal de la semana pasada.)

Las Escrituras de esta misa crismal nos hablan de la obra del Espíritu Santo y de la unción. En la primera lectura Isaías profetiza acerca del Mesías, diciendo:  “El Espíritu del Señor Dios está sobre mí, porque el Señor me ha ungido.”

En el salmo responsorial oímos que David, el siervo de Dios, es ungido con óleo santo.  Y luego, en el Evangelio, Jesús habla de sí mismo siendo ungido por el Espíritu Santo para una misión.  Jesús se aplica a sí mismo las palabras que fueron pronunciada a través del profeta Isaías.  Pero nosotros también, como seguidores de Cristo, podemos ver que este texto se aplica a nosotros, ya que todos nosotros hemos sido ungidos: con el óleo santo y el Espíritu.

Esta noche bendeciré los óleos con los cuales los fieles serán ungidos durante el próximo año:  El Óleo de los Catecúmenos para ungir a los que se preparan para el Bautismo y el Óleo de los Enfermos para consolar a los débiles o angustiados por la enfermedad o la edad avanzada.  Entonces consagraré el Santo Crisma, hecho de aceite de oliva y perfume, un signo de la acción refrescante del Espíritu Santo.  El Santo Crisma se usará para ungir a los recién bautizados, a los que están siendo confirmados y a los hombres que serán ordenados al sacerdocio.  Como Jesús, cada uno de nosotros ha sido ungido para traer buenas nuevas a los pobres, pues cada vez que hay una unción, se da una misión al ungido.

En las palabras de nuestra segunda lectura, palabras del Libro de Apocalipsis, San Juan dice:  “El favor y la paz de parte . . . de Jesucristo, el testigo fidedigno, el primogénito de los muertos, el Señor de los reyes del mundo.  A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.”  Este es un momento de gracia y de paz para todos en esta catedral, para todos los que forman la gran asamblea de los amados por Dios y ungidos por el Espíritu Santo.

Pero esto es especialmente un momento de gracia y paz para ustedes, mis hermanos sacerdotes.  Este es el día en que alabamos la acción del Espíritu Santo en nuestras vidas y ministerio.  Fue en el poder del Espíritu Santo que Cristo nos llamó a una unción especial y nos dio una misión específica para proclamar el amor y la misericordia de Dios.  Y cumplimos esa misión de manera sacramental, especialmente a través de nuestra ofrenda de la Eucaristía.

En la celebración de hoy, anticipando el Jueves Santo, la institución de la Eucaristía es primordial en nuestras mentes y corazones, así como la institución del sacerdocio, esa maravillosa unción que nos conformó con Cristo sacerdote y sacramentalmente nos hizo ministros de su Evangelio de Amor, ministros de su perdón, su compasión, su perdón; en otras palabras, ministros de su misericordia.  Esta unción sagrada fue individual y personal para cada uno de nosotros, tal como lo fue el llamado de Jesucristo a cada uno de nosotros, tal como lo fue el derramamiento del Espíritu Santo en el día de nuestra ordenación.  Pero el ejercicio del ministerio sacerdotal se coordina y se lleva a cabo en la comunidad de la Iglesia.  Ejercemos el ministerio dentro de un presbiterio, un cuerpo de sacerdotes, ustedes y yo juntos.  Es la única forma en que funciona, ustedes y yo juntos, sacerdotes y obispo proclamando un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo.

Ustedes y yo compartimos una profunda unidad fraterna que es mucho más que un grupo de personas individuales.  Nuestra unidad expresa el plan de Cristo para nosotros y para su Iglesia.  Nuestra unidad fraterna nos sostiene.  Al permanecer fieles a él, somos santificados y somos capaces de ser instrumentos de santificación para nuestro pueblo. La manera en que hemos sido llamados por Cristo, ungidos individualmente por el Espíritu Santo e introducidos por Él en el presbiterio, es todo ello un don y un misterio.

Nosotros los sacerdotes hemos recibido un gran don al ser llamados a ministrar en la persona de Cristo.  No por nuestros propios méritos, sino por el derramamiento del Espíritu de Amor, nuestras vidas son un regalo para la Iglesia, para nuestro pueblo.  Así que hoy es un día para celebrar el sacerdocio, que es el sacerdocio de Jesús mismo.  Y hoy es el día en que renovamos nuestro compromiso con Cristo Sumo Sacerdote.  Hoy, hermanos, la Iglesia quiere que se den cuenta de lo indispensable que son en el plan de salvación de Dios.  Y hoy todo el pueblo de Dios, y especialmente yo, les doy gracias por compartir fiel y perseverantemente las cargas del Evangelio.  Hoy les damos las gracias por dar su vida al servicio de la Iglesia y del Evangelio.  Tenemos en nuestras oraciones esta noche a nuestros hermanos sacerdotes que no pueden estar con nosotros.

El mismo Espíritu Santo que ungió a Jesús y nos ungió nos da fuerzas y alegría esta noche para renovar nuestra promesa de celibato, ese hermoso carisma que nos permite hacer un don de nosotros mismos a Dios y a nuestro pueblo.  El pueblo de Dios está con nosotros esta noche para oírnos repetir solemnemente nuestras promesas y apoyarnos con sus oraciones y, sí, para desafiarnos a vivir en constante autenticidad y generosidad.

Saludo a los seminaristas presentes, los novicios de la Santa Cruz, los postulantes franciscanos capuchinos y uno de nuestros nueve seminaristas diocesanos que pudieron estar con nosotros.  Tenemos a todos nuestros seminaristas en nuestras oraciones para que ustedes perseveren en seguir el llamado de Dios para servirle como sacerdotes.  Y todos recordemos orar cada día para que más y más hombres digan generosamente «sí» a la invitación de Dios a participar en el sacerdocio de Cristo.

Hermanos, nuestro pueblo está aquí para estimularnos, y Cristo mismo está en medio de nosotros.  “Al que nos ama y nos libró con su sangre de nuestros pecados, e hizo de nosotros un reino, sacerdotes de su Padre Dios, a él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén”.


About Disqus Comments

Our Disqus commenting system requires Internet Explorer 8 or newer. Also works with Firefox, Safari, Chrome, and Opera.

An account with Disqus is not required if you post as a guest, but a name and Email address must be entered in the appropriate boxes. These DO NOT have to be your actual name and email address.

  1. Click the "Start the Discusson" field
  2. Click the "Name" field and enter it.
  3. Check the "I'd rather post as a guest" box.
  4. Click the Email field and enter it.

Comments may not show immediately. Moderator reserves the right to remove offensive or irrelevant posts.


comments powered by Disqus