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LA VOZ DEL OBISPO: Las tres peticiones de Nuestra Señora de Fátima Las tres peticiones de Nuestra Señora de Fátima

By EXCMO. y RVDMO. MONS. MICHAEL SHERIDAN
05/04/2017 | Comments

Hace cien años, el 13 de mayo, la Santísima Virgen se apareció a tres pastores, Lucía, Francisco y Jacinta, cerca del pequeño pueblo de Fátima en Portugal.  Fue la primera de seis apariciones, una cada mes hasta el mes de octubre. 

En el transcurso de estas apariciones, María habló a los niños acerca de su salvación.  Ella permitió a los niños que vieran los que sufren en el infierno.  Ella reveló “secretos” sobre los eventos que iban a suceder.  En la aparición final se realizó un gran milagro:  El sol comenzó a girar y emitir varios colores, y luego comenzó a caer hacia la tierra antes de volver a su posición normal en el cielo.

La Iglesia ha aceptado estas apariciones como auténticas e incluso ha dado a la Virgen María una fiesta especial en el calendario litúrgico bajo el título de Nuestra Señora de Fátima.   Celebramos esa fiesta el 13 de mayo, fecha de su primera aparición en Fátima.

Esta revelación muy especial dada a los hijos de Fátima es una revelación privada.  El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que a lo largo de los siglos ha habido revelaciones llamadas “privadas”, algunas de las cuales han sido reconocidas por la autoridad de la Iglesia.  Estas, sin embargo, no pertenecen al depósito de la fe. Su función no es la de “mejorar’”o “completar” la Revelación definitiva de Cristo, sino la de ayudar a vivirla más plenamente en una cierta época de la historia” (No. 67).

Hemos estado viviendo en esa “cierta época de la historia” durante un siglo.  María vino a nosotros en plena Primera Guerra Mundial y en el umbral de la revolución bolchevique en Rusia, la cual puso en movimiento el reino del comunismo.  Ese período determinado de la historia vería otra gran guerra mundial y el surgimiento de un islam militante decidido a erradicar el judaísmo y el cristianismo de la tierra. Esa cierta época de la historia sería testigo del abandono de muchos de los principios más básicos y esenciales de la moralidad, junto con la entronización virtual del secularismo en Occidente.

Nuestra Señora de Fátima habló a los niños sobre lo que es necesario para lograr la paz en el mundo.  Ella hizo tres peticiones: oración, penitencia y devoción a su Inmaculado Corazón.

Oración.  Cuando Lucía le pidió a Nuestra Señora lo que deseaba, María respondió diciéndole a ella y a sus dos primos que rezaran el Rosario.  En su tercera aparición, María dijo:  “Debes recitar el Rosario todos los días en honor a Nuestra Señora del Rosario para obtener la paz para el mundo y el fin de la guerra, porque sólo ella puede obtenerlos”. 

El poder del Rosario ha sido evidente para innumerables católicos.  Los Papas han hablado del Rosario y alentado esa oración durante siglos.  Tal vez el Rosario parece una cosa pequeña, o incluso insignificante, en relación con los males que infectan nuestro mundo.  Pero es la Madre de Dios misma quien ha pedido que rezáramos el Rosario.  A través de su poderosa intercesión podemos estar seguros de que su Hijo cumplirá lo que prometió.

Penitencia.  El llamado a la penitencia es nada menos que la insistencia de que debemos alejarnos del pecado en nuestras vidas, pedir perdón al Señor en el Sacramento de la Reconciliación, y expiar por nuestros pecados. 

Muchos años después de las apariciones de Nuestra Señora en Fátima, Lucía, luego Sor Lucía, explicó:  “Muchas personas que sienten que la palabra penitencia implica grandes austeridades, y no sintiendo que tienen la fuerza para grandes sacrificios, se desaniman y siguen viviendo una vida de tibieza y pecado”.  Ella entendió correctamente que «el sacrificio requerido a cada persona es el cumplimiento de sus funciones en la vida y la observancia de la ley [de Dios]». Esa es la penitencia que el Señor y su Madre piden, y es todo lo que es necesario.

La devoción al Inmaculado Corazón de María.  En su segunda aparición, Nuestra Señora de Fátima dijo a los niños que «Jesús desea establecer en todo el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón». 

La reciente celebración de la Divina Misericordia nos ha recordado el misericordioso Corazón de Jesús y su deseo de que todas las personas experimenten esa misericordia.  Estrechamente asociado con el Corazón de Jesús está el de su Madre.  Poco antes de que Jacinta muriera, le dijo a su prima Lucía: «Dile a todos que Dios concede gracias a través del Inmaculado Corazón de María, y que deben pedírselas a ella.  Diles que el Corazón de Jesús desea que a su lado sea venerado el Inmaculado Corazón de María».

Estas son las simples peticiones de Nuestra Madre Bendita.  ¿Cómo hemos respondido en estos últimos 100 años?

(Traducido por Luis Baudry-Simon.)


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