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Linda Oppelt

EL BÁCULO DEL OBISPO: Creciendo en gratitud y generosidad

por el Obispo James R. Golka

Por eso también nosotros damos siempre gracias a Dios, porque, cuando escucharon la Palabra de Dios que les predicamos, la recibieron, no como palabra humana, sino como realmente es, Palabra de Dios, que actúa en ustedes, los creyentes. -1 Tesalonicenses 2:13

Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo, es seguro decir que, en mi primer año y medio como obispo, he hecho cosas que nunca había soñado hacer en toda mi vida. Muchas de esas cosas son sólo parte de la vida de un obispo. Algunas cosas han sido alegres y otras tristes.

Una de esas cosas tristes fue el fallecimiento del Obispo Sheridan. Siempre es difícil perder a alguien tan abruptamente. No hubo tiempo de despedirse como es debido. Pero encontré mucho consuelo en las liturgias funerarias de la Iglesia. He celebrado muchos funerales de fieles laicos. Nunca he concelebrado en el funeral para mi obispo precedente. La hermosa muestra de amor y apoyo de cientos de católicos de nuestra Diócesis durante esos días fue muy conmovedora. Muchos han compartido historias conmigo acerca del gran impacto que tuvo el Obispo Sheridan en sus vidas, aunque no lo conocieran personalmente. Gracias por compartir esas historias. Me ayuda a comprender mejor el impacto positivo que puede tener un obispo.  También quiero darles las gracias especiales a todos los que se reunieron para orar esos días, ya sea en la Vigilia, en la Misa, en el Internamiento, o simplemente en nuestras parroquias y hogares. Un reconocimiento y un agradecimiento especial al personal del Centro Pastoral Diocesano, de la Catedral y de los Santos Apóstoles, por haber trabajado tanto para acoger estos importantes ritos funerarios cristianos. Sé, por el tiempo que llevo en la parroquia, el esfuerzo que suponen estos eventos. Es importante decir “Gracias”. Gracias también al P. Larry Brennan por su poderosa homilía y por la presencia del Cardenal Dolan. Continuemos orando para que la Diócesis de Colorado Springs tenga un obispo en el cielo orando por nosotros y por todas nuestras necesidades.

En estos días estoy pasando mucho tiempo orando por ustedes y por las tarjetas de intención que están enviando. Una de las cosas más importantes que hago como su obispo es rezar por ustedes y rezar con ustedes. Es un privilegio que compartan conmigo sus intenciones y necesidades. Mientras estas son elevadas al Señor en mi oración personal, les pido que los bendiga y nos dé lo que verdaderamente necesitamos.

Todas estas experiencias me llevan a estar muy agradecido. Estoy agradecido por todos ustedes, por nuestras parroquias y por nuestros sacerdotes y diáconos. Estoy agradecido por su gran amor a Jesús y nuestra fe católica. Agradecido por los que comparten con alegría nuestra hermosa fe católica con los demás y los invitan a una nueva vida en Jesús. Estoy agradecido a Dios por sus infinitas bendiciones. En mi escudo episcopal se puede ver el “Pelícano en su piedad”. Es la imagen de una madre pelícano que se abre el costado para alimentar a sus hijos hambrientos con su propia carne y sangre. Esto es una imagen de lo que Jesús hace por nosotros en la Eucaristía. Como hijos hambrientos de Dios, él nos da el mejor alimento. Y por esto estoy muy especialmente agradecido. “Eucaristía” significa en sí misma “acción de gracias”. Si realmente nos damos cuenta de lo grande que es un don la Eucaristía y de lo mucho que Dios nos alimenta con este don, no podemos sino estar agradecidos. Todo cristiano debe tener la “actitud de la gratitud”. La gratitud ayuda a reforzar nuestro compromiso de ser discípulos fieles de Jesús y deseosos de compartir nuestros dones con los demás. Alimentándonos con su carne, Jesús da vida al mundo a través de nosotros. 

Mientras sigo rezando con sus intenciones, quiero pedirles que recen por algunas de las mías. Por favor, recen por una profunda y continua conversión del corazón de todos los católicos de nuestra Diócesis. Que nos enamoremos más de Jesús en la Eucaristía. Sobre todo, en la Misa. Recen para que ningún católico elija nunca ausentarse de la Misa dominical y se pierda así el mayor regalo posible. Recen para que los católicos acepten la oferta de Jesús de acudir a él y encontrar descanso. Especialmente el domingo, día del Señor. Por favor, recen también para que todos los católicos de nuestra Diócesis no sólo crezcan en gratitud por sus bendiciones, sino que también compartan generosamente esos dones con los demás. Hemos sido tan bendecidos como diócesis, lo que significa que tenemos mucho con el que bendecir a otros.

Gracias por su bondad y fidelidad. ¡Que el Señor siga cuidando de todos nosotros!

(Traducido por Luis Baudry-Simón)

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