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LA VOZ DEL OBISPO: La Planifcación Familiar Natural protege el amor matrimonial

By EXCMO. y RVDMO. MONS. MICHAEL SHERIDAN
08/02/2019 | Comments

Siguiendo la celebración anual de la Semana de Sensibilización sobre la Planificación Familiar Natural, invito a todos nuestros fieles católicos a considerar una vez más la importancia de la Planificación Familiar Natural en la vida de las personas casadas.

Uno de los elementos más importantes de nuestras políticas diocesanas para la preparación al matrimonio es la educación de la pareja en la Planificación Familiar Natural (PFN). La razón por la cual se requiere la educación a la PFN es que ésta es la alternativa verdaderamente viable y moral a la anticoncepción artificial y a la creciente mentalidad anticonceptiva que el Papa San Pablo VI predijo en su encíclica Humanae vitae de 1968 .

Debemos ser muy claros sobre la enseñanza católica con respecto a la anticoncepción. La anticoncepción es intrínsecamente inmoral y un pecado mortal. Esto es enseñado infaliblemente por el magisterio de la Iglesia y por lo tanto es parte de la Fe de la Iglesia Católica. Es verdad que muchos católicos no aceptan esta enseñanza de la Iglesia, pero no aceptarla no la hace desaparecer ni la invalida. Simplemente significa que muchos católicos han escogido contravenir una norma moral que viene de Dios.

¿Por qué la anticoncepción es inmoral? La respuesta simple es esta: La anticoncepción viola la dignidad de la persona humana, así como el significado divinamente instituido del matrimonio. La Sagrada Escritura enseña que el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. Dios es una Trinidad de Personas cuya naturaleza misma es amar completamente. San Juan nos dice que, en efecto, Dios es Amor. Somos creados para reflejar ese amor divino, que es siempre vivificante. Cuando una pareja se casa, prometen entregarse completamente el uno al otro en amor. Cuando esa pareja utiliza anticonceptivos, se ofrecen todo menos la fertilidad. El amor de una pareja casada que es menos que total no puede reflejar el amor que es Dios.

En la creación de Dios encontramos el significado fundamental del matrimonio. Dios creó a la mujer porque no era bueno para el hombre estar solo. Habiendo creado a Eva, Dios les dijo a ella y a Adán que fueran fértiles y se multiplicaran. Aquí encontramos los dos fines del matrimonio: el unitivo y el procreador. La anticoncepción rompe la conexión intrínseca entre las dimensiones unitiva y procreadora del acto matrimonial. Debemos recordar que es Dios quien ha determinado lo que el acto matrimonial debía expresar.

Cuando una pareja practica la anticoncepción no sólo niega la dimensión procreadora de cada acto sexual, sino que también eleva la búsqueda del placer al principio supremo del matrimonio. El mensaje implícito de la pareja que practica la anticoncepción es: quiero el placer, y quiero que me des ese placer, pero no aceptaré con amor a los niños enviados por Dios, como lo prometí el día del matrimonio. Esto reduce a la otra persona a poco más que un objeto. Una vez más, la anticoncepción no sólo viola la dimensión procreadora del acto matrimonial, sino que también ataca la dimensión unitiva. La unión de una pareja casada no puede ser nada menos que total. La anticoncepción impide que esto suceda.

Mientras que la Iglesia enseña que la anticoncepción artificial es siempre pecado, también enseña la importancia de la paternidad responsable. Parte de lo que significa ser padres responsables puede implicar el espaciamiento de los hijos en una familia. Dios, de hecho, invita a las parejas casadas a una participación única en el poder de la creación. Aunque cada ser humano es una expresión única e inestimable de Dios en el mundo, sin embargo, desde la creación está claro que Dios no quiso que cada acto de relación conyugal resultara en una nueva persona humana. Cuando una pareja, en conciencia y por justa causa, decide que la concepción de un hijo debe ser retrasada, la pareja puede abstenerse de tener relaciones sexuales durante los días del período fértil de la mujer. Esto es la Planificación Familiar Natural. A diferencia de la anticoncepción, que esencialmente saca a Dios de la planificación familiar, la PFN respeta los ciclos naturales creados por Dios.

A veces se dice que la PFN no es otra cosa que una «anticoncepción católica». Por supuesto, esto está completamente lejos de la realidad. Aunque el fin de la PFN y el de la anticoncepción pueden ser los mismos, los medios son esencialmente diferentes. La pareja que practica la PFN, aunque tenga relaciones sexuales que no llevan a la procreación, haciendo uso de los tiempos infértiles, se entregan completamente el uno al otro. La pareja que practica la anticoncepción, que pone un obstáculo positivo a la procreación, retiene su fertilidad el uno del otro.

La PFN no sólo es un medio moralmente aceptable para el espaciamiento de los hijos, sino que ha demostrado ser una gran ayuda para los matrimonios. Algunas parejas se quejan de que la PFN requiere demasiado «trabajo». La pareja tiene que pensar en su amor y en el lugar de los hijos en su matrimonio. Después de todo, ¿no debería el amor conyugal ser espontáneo, incluso impulsivo? Sólo tómate una pastilla y ni siquiera tenemos que pensar en lo que estamos haciendo o en las consecuencias de lo que estamos haciendo, dicen estas parejas. Esta falta de implicación de la pareja en su propia vida matrimonial es precisamente lo que puede llevar y lleva a menudo a la ruptura de los matrimonios. El matrimonio cristiano exige sacrificio, castidad y autocontrol. Estas son virtudes especialmente importantes en una cultura que busca la gratificación instantánea. El hecho es que aproximadamente el 50% de los matrimonios terminan en divorcio. Sólo entre el 3 y el 5% de los matrimonios que practica la PFN terminan en divorcio. Conclusión: la PFN es buena para el matrimonio.

Las promesas que acompañaron a la comercialización del anticonceptivo oral hace casi 50 años han demostrado estar vacías. Los abortos no disminuyeron. Los divorcios no disminuyeron. Las parejas casadas no se volvieron más felices. Todo lo contrario. Habiendo aprendido por experiencia que la anticoncepción no es buena para el matrimonio, ¿no podría ser el momento de aceptar lo que Dios y su Iglesia nos dan para nuestro bien y el bien de la vida matrimonial?

Que Dios bendiga a todos los matrimonios y a todos los que se preparan para el matrimonio. Que sus vidas reflejen auténticamente a Dios, que es amor.

(Traducido por Luis Baudry-Simón.)


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