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LA VOZ DEL OBISPO: Celebrando el día de todos los santos

By EXCMO. y RVDMO. MONS. MICHAEL SHERIDAN
11/01/2019 | Comments

Hoy, solemnidad de Todos los Santos, alabamos y damos gracias a Dios por todos los santos hombres y mujeres de todo tiempo y lugar que ahora disfrutan de la plenitud de la vida y de la alegría con Dios en el cielo. Conocemos los nombres de algunos de estos santos porque han sido canonizados y elevados para que los imitemos y les tengamos devoción.  Podemos asumir con seguridad que hay muchos otros santos en el cielo cuyos nombres no conocemos, pero sin embargo los honramos en el Día de Todos los Santos.

La devoción a los santos es un sello de nuestra fe católica. ¿Por qué es tan importante que conozcamos a los santos y les demos nuestra veneración? Porque los santos son nuestros héroes en la fe. Hombres y mujeres como nosotros, los santos son ejemplos bien reales de santidad y perseverancia, a menudo frente a grandes sufrimientos. Los santos son miembros del clero y laicos; hombres y mujeres; jóvenes y viejos, de todas las vocaciones y circunstancias de la vida.  Nos inspiramos en los ejemplos de sus vidas santas. Ellos han completado su peregrinaje al cielo, y nos invitan a seguirlos, asegurándonos que, con la gracia de Dios, también nosotros podemos ser santos.

Muchos de nosotros recordamos cuando éramos más jóvenes hacer escuchado las vidas de los santos en nuestros hogares y escuelas. La Iglesia todavía nos insta a conocer a los santos, a familiarizarse con sus vidas. La Constitución Dogmática sobre la Iglesia del Concilio Vaticano II nos recuerda que los santos nos muestran el rostro mismo de Cristo.  Él nos habla en ellos. Al conocer las vidas heroicas de los santos llegamos a conocer mejor a Cristo. Fue San Jerónimo quien dijo que ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo. Bien podríamos añadir que ignorar a los santos también es ignorar de Cristo.

En estos días de desánimo y cólera por los pecados de algunos clérigos, es importante recordar que la Iglesia de Jesucristo consiste en muchos más hombres y mujeres santos que sacerdotes y obispos pecadores. Todos los domingos profesamos nuestra fe en la «comunión de los santos». Como católicos, confesamos que estamos verdaderamente unidos a todos aquellos que permanecieron fieles a Cristo, ya sea vivos o muertos.

Al Día de Todos los Santos le sigue inmediatamente por la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos.  De hecho, todo el mes de noviembre está dedicado a la oración por los difuntos. El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que la oración por los difuntos es una de las obras espirituales de misericordia.

A veces se plantea la pregunta: «¿Por qué rezamos por los muertos? ¿No está nuestro destino sellado en el momento de la muerte? ¿De qué sirve entonces la oración? Cuando morimos, estamos destinados al cielo o al infierno, y ninguna oración puede cambiar eso».

Es cierto, pero para aquellos cuyos pecados han sido perdonados, es decir, aquellos destinados al cielo pero que aún necesitan la purificación final de los efectos temporales del pecado, existe el purgatorio. La práctica católica de la oración por los fieles difuntos está ligada a nuestra fe en la realidad del purgatorio. A menos que muramos en un estado de perfección, es decir, con todos los pecados perdonados y con todo el castigo temporal debido al pecado remitido, no podemos entrar al cielo. Una vez más, el Catecismo nos enseña que «los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo. La Iglesia llama purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados» (n. º 1030-1031).

Las oraciones por los difuntos deben ser parte de nuestra oración diaria, no sólo en el mes de noviembre, sino durante todo el año. Las almas del purgatorio dependen de nuestras oraciones. Así que, también, dependemos de las oraciones de las almas en el purgatorio para todos nosotros que todavía estamos haciendo nuestro camino al cielo. 

El día de Todos los Santos y el día de Todos los Fieles Difuntos atestiguan la profunda unión que tenemos con los santos del cielo y con las almas del purgatorio que un día alcanzarán la plenitud de la salvación. Esta unión no puede romperse ni siquiera con la muerte. Pidamos sin dudar la intercesión de los santos en el cielo, y nunca dejemos de recordar en la oración a nuestros seres queridos que han fallecido.

(Traducido por Luis Baudry-Simón.)


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