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LA VOZ DEL OBISPO: Preparándose para Cristo en la temporada de Adviento

By EXCMO. y RVDMO. MONS. MICHAEL SHERIDAN
12/06/2019 | Comments

Dios todopoderoso y eterno, te rogamos que la práctica de las buenas obras nos permita salir al encuentro de tu Hijo que viene hacia nosotros, para que merezcamos estar en el Reino de los cielos junto a Él.

Esta es la oración colecta del primer domingo de Adviento. Es un hermoso resumen del significado del tiempo de Adviento. La oración, aunque dicha a Dios, nos comunica una imagen del Señor Jesús que se apresura hacia nosotros, su pueblo.  ¿Por qué?  Para salvarnos.

El Adviento es un tiempo en el que pedimos a Dios que nos prepare para una celebración digna del nacimiento de su Hijo. Mientras esperamos la gloriosa fiesta del nacimiento del Señor en Belén, recordamos todo lo que Dios hizo para preparar a su pueblo escogido para recibir al Redentor prometido.  Durante todo el Adviento, las Escrituras proclamadas en la Misa son tomadas del Antiguo Testamento — la mayoría de ellas del profeta Isaías, quien anunció la venida del Mesías a un pueblo que lo esperaba ansiosamente.

Sí, Cristo está viniendo —pero oramos para que Dios nos dé la resolución de salir al encuentro de Cristo con obras justas.  El Adviento no es simplemente un tiempo de espera. Es un tiempo de espera ansiosa, un tiempo en el que nos apresuramos a encontrarnos con el Cristo venidero.

Hay un segundo aspecto en nuestra observancia del Adviento. Mientras que la próxima celebración de la Navidad concentra la mayoría de nuestra atención e intensa emoción, Adviento es también un tiempo para esperar la venida del Señor al final de los tiempos. Las liturgias de las primeras semanas de Adviento se centran en este tema.

El fin del mundo no está «en las pantallas de radar» de la mayoría de la gente, incluidos los católicos. Nuestra profesión semanal de fe en la segunda venida de Cristo es el Credo Niceno, que se reza en cada Misa dominical: «Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro». «Espero». Son palabras de alegre esperanza. Pero es una alegría que necesita ser temperada por la sobria realización de nuestra necesidad de estar listos para encontrar a Cristo: de hecho, correr y encontrarlo con nuestras obras justas.

Todavía hay una tercera venida de Cristo que debemos considerar.  Esta está entre su encarnación hace 2000 años y su glorioso regreso al fin del mundo. Cristo viene a nosotros cada día: en la oración, en las personas y en los acontecimientos de nuestra vida cotidiana, en su palabra; y, de la manera más sublime, viene a nosotros en el sacramento de su Cuerpo y Sangre. Si constantemente no estamos preparados para encontrar a Cristo día tras día, podemos estar seguros de que el día de su regreso nos pillará desprevenidos, así como lo hizo con las vírgenes necias en la parábola de Jesús.

 Ya sea que te estés preparando para recibir a Cristo en Navidad o para encontrarte con él cuando venga de nuevo al final de los tiempos o para recibirlo cada día, no hay mejor manera de correr hacia él que con almas libres de pecado. El Adviento es un tiempo particularmente importante y apropiado para el Sacramento de la Reconciliación.

El tiempo de Adviento también destaca a la Santísima Virgen María como ejemplo de las esperanzas de la gente del Antiguo Testamento. Ella encarna a aquellos que esperan la venida del Señor, ahora y al final de los tiempos. Por eso, María es también el ejemplo y la Madre de la Iglesia, el nuevo pueblo de Dios.

Dos de las fiestas más importantes de María se celebran durante el tiempo de Adviento. Primero, su Inmaculada Concepción (8 de diciembre). Para preparar un hogar adecuado para su Hijo Encarnado antes de su nacimiento, Dios protegió a María de toda mancha de pecado, tanto del pecado original como del pecado actual. En su fiesta nos regocijamos y damos gracias a Dios porque a María se le dio un privilegio tan grande. La Madre del Redentor es también nuestra Madre.  Bajo su título de la Inmaculada Concepción honramos a María como la patrona de los Estados Unidos.

La segunda gran fiesta de María en Adviento es la de Nuestra Señora de Guadalupe (12 de diciembre).  Sus apariciones en 1531 a San Juan Diego, un pobre campesino indio de México, fueron la causa de millones de conversiones a la fe de los pueblos indígenas mexicanos.  Nuestra Señora de Guadalupe es venerada como Emperatriz de América y Estrella de la Nueva Evangelización. Bajo este título de Nuestra Señora de Guadalupe, María es también la patrona de esta Diócesis de Colorado Springs. Pedir su intercesión, especialmente en los días de Adviento.

El domingo 8 de diciembre honraremos a Nuestra Señora de Guadalupe con una procesión del Rosario. Todos están invitados a comenzar a reunirse en Acacia Park a las 2:00 pm. La procesión comenzará a las 2:30, y será seguida por la misa en la catedral.

(Traducido por Luis Baudry-Simón.)


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