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LA VOZ DEL OBISPO: La Virgen María: Personificación de la esperanza

By EXCMO. y RVDMO. MONS. MICHAEL SHERIDAN
12/02/2016 | Comments

La temporada santa del Adviento destaca la figura de la Santísima Virgen María como modelo de esperanza de la gente del Antiguo Testamento. Ella encarna a los que esperan y anhelan la venida del Señor, ahora y al final de los tiempos.

Por lo tanto, María es también modelo y Madre de la Iglesia, el nuevo pueblo de Dios. Mientras renovamos nuestra expectativa por la llegada del Señor en este tiempo de Adviento, miramos a Nuestra Santísima Madre como nuestra madre, quien nos entrega a Jesús para nuestra salvación. 

La Inmaculada Concepción

La primera de las grandes celebraciones marianas de la temporada de Adviento es la Inmaculada Concepción que se celebra el 8 de diciembre. Ésta es la principal celebración de María en la liturgia de la Iglesia y, por lo tanto, siempre es un feriado de obligación. Lo más apropiado es celebrar la Inmaculada Concepción de María en el vientre de su madre Santa Ana durante el Adviento. Estos son los últimos días del embarazo de María. Como madre de Dios, lo más adecuado era que ella esté libre de todo pecado — el pecado original y el pecado real — desde el momento de su concepción. Hoy nos regocijamos por el gran privilegio que Nuestra Madre recibió, para así poder ser templo digno y recibir en su vientre al Hijo de Dios hecho hombre. Bajo su título de la Inmaculada Concepción invocamos a Nuestra Santísima Madre como patrona de los Estados Unidos.

Nuestra Señora de Guadalupe

Aunque no es un feriado de obligación, la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe tiene un significado especial para nosotros los estadounidenses. Es bajo este título que proclamamos a María como la Madre de América y Estrella de la Nueva Evangelización. Nuestra Señora de Guadalupe es también la patrona de nuestra Diócesis de Colorado Springs.

La Madre de Dios se apareció en nuestro continente cuatro veces, desde el 9 hasta el 12 de diciembre de 1531. Este año conmemoramos el 485° Aniversario de las apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe a San Juan Diego en el monte del Tepeyac cerca de la ciudad de México.

Juan Diego fue un hombre sencillo, un converso de la religión Azteca pagana. Los misioneros franciscanos españoles, quienes eran excelentes en el cuidado pastoral de los exploradores españoles y de los nativos americanos, les enseñaron a Juan Diego y a su esposa la doctrina de la fe católica, y ellos junto con el tío de Juan Diego, Bernardino,  recibieron el don de la fe y fueron bautizados. La esposa de Juan Diego murió dos años antes de las apariciones de Nuestra Señora.

El 9 de diciembre de 1531, mientras Juan Diego iba de camino a la Misa, oyó una voz que lo llamaba desde el monte del Tepeyac. Cuando llegó a la cima de la colina, vio a una hermosa dama, radiante como el sol. La señora le habló con estas palabras:

“Debes saber, y tener por seguro, mi más querido y pequeño hijo, que soy la perfecta y siempre Virgen Santa María, Madre del Dios verdadero, aquel por quien todo existe, el Señor de todas las cosas que nos rodean, el Señor del cielo y de la tierra. Deseo de todo corazón que me construyan aquí una pequeña casa, en la cual lo mostraré a Él, lo exaltaré y pondré de manifiesto. Lo daré a Él a la gente en todo mi amor personal, mi compasión, mi auxilio, mi protección, porque soy verdaderamente vuestra Madre misericordiosa, Madre tuya y de todas las personas que viven unidas en esta tierra, de todas las personas de diferentes ascendencias, los que me aman, los que me buscan, los que confían en mí.”

La Virgen envió a San Juan Diego al obispo de la ciudad de México. Allí el humilde campesino presentó la petición de Nuestra Señora de que se construya una capilla a donde ella atraería a muchos al amor misericordioso de Dios. Como es comprensible, el obispo no tomó la petición con seriedad. No fue hasta tres días y tres apariciones después, que Nuestra Señora de Guadalupe le dio a Juan Diego la señal que convencería al obispo de que la Madre de Dios sí se le había aparecido a este pobre converso a la fe. Nuestra Señora le dijo a Juan Diego que vaya a la cima del monte del Tepeyac, que estaba cubierta con la helada del fin del invierno. Allí encontró hermosas flores, que la Virgen arregló en el manto – o tilma de Juan Diego. Este fue a la casa del obispo, abrió su manto y cayeron al suelo las más bellas y fragantes flores.

Pero una señal aún más poderosa le fue entregada al obispo. La imagen de Nuestra Señora de Guadalupe apareció en la tilma de Juan Diego. La tilma, que porta la imagen de Nuestra Señora se conserva en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en la ciudad de México y es venerada por cientos de miles de fieles cada año. En los primeros diez años de sus apariciones a Juan Diego, Nuestra Señora de Guadalupe trajo cerca de nueve millones de nativos americanos a la fe católica.

El domingo 11 de diciembre celebraremos a Nuestra Señora de Guadalupe como la Patrona de nuestra diócesis. Nos reuniremos a la 1:30 p.m. en el Acacia Park del centro de Colorado Springs. Empezaremos con un rosario y procesión a la Catedral a las 2:00 p.m. y se ofrecerá una Misa a las 3:00 p.m. Por favor, acompáñenos a proclamar públicamente nuestra fe en Jesucristo y en su Madre María.

(Traducido por Carmen y Rudy López de la Catedral Santa María.)


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