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LA VOZ DEL OBISPO: La indulgencia de la Divina Misericordia

By EXCMO. y RVDMO. MONS. MICHAEL SHERIDAN
04/17/2020 | Comments

Este domingo, 19 de abril, es el Domingo de la Divina Misericordia. El significado de la Divina Misericordia se encuentra en el mismo significado del Misterio Pascual, que celebramos de manera muy especial en la Pascua.

En el decreto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos que estableció oficialmente la Fiesta de la Divina Misericordia leemos:

«El Señor piadoso y clement (Sal 111, 4), por el gran amor con que nos amó (Ef 2, 4), nos dio con inefable bondad a su Hijo unigénito como Redentor, para que mediante su muerte y resurrección quedara abierto a la Humanidad el camino a la vida eterna y, acogiendo su misericordia en medio de su templo, sus hijos de adopción elevaran su alabanza hasta los confines de la tierra».

El decreto deja claro que el Misterio Pascual, el misterio de la muerte y resurrección de Cristo, que es el foco de la Pascua, es, de hecho, el misterio de la misericordia de Dios manifestado en nuestra historia humana. La muerte y resurrección de Cristo obtuvo el perdón de nuestros pecados y la resurrección de todos los bautizados en la nueva vida del Señor glorificado. La Pascua es la fiesta de la misericordia de Dios.

El Evangelio del Domingo de la Divina Misericordia nos dice que los apóstoles tuvieron miedo en ese día de Pascua. Podríamos concluir fácilmente que ellos también estaban tristes y avergonzados porque habían abandonado a su Maestro en la hora de su mayor sufrimiento. Cuando Jesús se apareció a sus discípulos, que se escondían tras puertas cerradas, la visión de las heridas de la pasión del Señor debió seguramente despertar sentimientos de culpa y vergüenza. Pero Jesús no había aparecido para avergonzar aún más a sus discípulos. Él había venido a anunciar la paz y el perdón. Fue en ese día de Pascua que Jesús sopló sobre sus apóstoles para que reciban el Espíritu Santo y, al mismo tiempo, dio a los apóstoles el poder de perdonar los pecados. En ese momento Jesús instituyó el Sacramento de la Penitencia para la efusión de la Divina Misericordia hasta el final de los tiempos.

Este año nuestra observancia del Domingo de la Divina Misericordia será muy diferente de los años anteriores. Todavía no tenemos la oportunidad de asistir a la misa y recibir la Sagrada Comunión; pero el Papa Francisco ha concedido una nueva indulgencia plenaria mientras sufrimos la pandemia.

«Se concede la Indulgencia plenaria a los fieles enfermos de Coronavirus, sujetos a cuarentena por orden de la autoridad sanitaria en los hospitales o en sus propias casas si, con espíritu desprendido de cualquier pecado, se unen espiritualmente a través de los medios de comunicación a la celebración de la Santa Misa, al rezo del Santo Rosario, o del himno Akáthistos a la Madre de Dios, a la práctica piadosa del Vía Crucis, o del Oficio de la Paráklisis a la Madre de Dios o a otras oraciones de las respectivas tradiciones orientales, u otras formas de devoción, o si al menos rezan el Credo, el Padrenuestro y una piadosa invocación a la Santísima Virgen María, ofreciendo esta prueba con espíritu de fe en Dios y de caridad hacia los hermanos, con la voluntad de cumplir las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración según las intenciones del Santo Padre), apenas les sea posible».

También se incluyen entre los que pueden recibir la indulgencia (en las mismas condiciones que antes) los trabajadores de la salud y todos los que cuidan de los enfermos en casa. De igual manera, cualquier fiel que haga una visita al Santísimo Sacramento, o haga adoración eucarística, o lea las Escrituras por lo menos media hora, o rece el Rosario, o haga el Vía Crucis, o rece la Coronilla de la Divina Misericordia, rezando por el fin de la pandemia, el alivio para los que sufren, y la salvación eterna para los que han muerto.

Por último, «la Iglesia reza por los que estén imposibilitado de recibir el sacramento de la Unción de los enfermos y el Viático, encomendando a todos y cada uno de ellos a la Divina Misericordia en virtud de la comunión de los santos y concede a los fieles la Indulgencia plenaria en punto de muerte siempre que estén debidamente dispuestos y hayan rezado durante su vida algunas oraciones (en este caso la Iglesia suple a las tres condiciones habituales requeridas)».

¡Que nuestro Señor Resucitado los bendiga a ustedes y a todos los que ustedes aman con su gracia pascual! Que Dios, que es rico en misericordia, perdone sus pecados y los mantenga siempre en su amor.

(Traducido por Luis Baudry- Simón)


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