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LA VOZ DEL OBISPO: Mensaje de Fátima muestra necesidad de oración, penitencia

By EXCMO. y RVDMO. MONS. MICHAEL SHERIDAN
05/01/2020 | Comments

Hace tres años se cumplieron cien años de la aparición de la Virgen a tres pastorcitos, Lucía, Francisco y Jacinta, cerca del pueblito de Fátima, en Portugal. Fue la primera de seis apariciones, una cada mes hasta el siguiente octubre.

En el curso de estas apariciones, María habló a los niños sobre su salvación. Ella dejo que los niños vean a los que sufren en el infierno. Les reveló «secretos» sobre los acontecimientos que iban a tener lugar. La Iglesia ha aceptado estas apariciones como auténticas e incluso ha dado a Nuestra Señora una fiesta especial en el calendario litúrgico bajo el título de Nuestra Señora de Fátima. Celebraremos esa fiesta el 13 de mayo, fecha de su primera aparición en Fátima.

Esta revelación tan especial dada a los niños de Fátima es una revelación privada. El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que «a lo largo de los siglos ha habido revelaciones llamadas “privadas”, algunas de las cuales han sido reconocidas por la autoridad de la Iglesia. Estas, sin embargo, no pertenecen al depósito de la fe. Su función no es la de “mejorar” o “completar” la Revelación definitiva de Cristo, sino la de ayudar a vivirla más plenamente en una cierta época de la historia» (n. º 67).

Hemos estado viviendo en esa «cierto época de la historia» durante un siglo. María vino a nosotros en el apogeo de la Primera Guerra Mundial y en el umbral de la revolución bolchevique en Rusia, que puso en marcha el reinado del comunismo. Esa cierta época de la historia vería otra gran guerra mundial y el surgimiento de un Islam militante decidido a erradicar tanto el judaísmo como el cristianismo de la tierra. Esa cierta época de la historia sería testigo del abandono de muchos de los principios más básicos y esenciales de la moral, junto con la entronización virtual del secularismo en Occidente. Y ahora estamos viviendo — y muchos están muriendo — en la pandemia de coronavirus del 2020.

Nuestra Señora de Fátima habló a los niños sobre lo que es necesario para lograr la paz en el mundo. Ella hizo tres pedidos: la oración, la penitencia y la devoción a su Inmaculado Corazón.

Muchos años después de las apariciones de Nuestra Señora en Fátima, Lucía —entonces Sor Lucía — explicó: «Muchas personas que sienten que la palabra penitencia implica grandes austeridades, y que no sienten que tienen la fuerza para grandes sacrificios, se desalientan y continúan viviendo una vida de tibieza y pecado». Ella entendió correctamente que «el sacrificio requerido de cada persona es el cumplimiento de sus deberes en la vida y la observancia de la ley [de Dios]». Esa es la penitencia que el Señor y su Madre piden, y es todo lo que es necesario.

En 1919 Francesco murió a la edad de diez años. Jacinto murió en 1920 a la edad de nueve años. Ambos fueron víctimas de la pandemia de gripe española. Ambos niños eran conocidos por ser muy devotos de la Sagrada Eucaristía. Se dice que Jacinta, hospitalizada cuando se acercaba a la muerte, deseaba recibir la Santa Comunión, pero no podía. Su único consuelo era mirar el tabernáculo que estaba en el hospital. Podemos identificarnos fácilmente con estos dos niños santos cuando vemos la Eucaristía en la televisión y en la pantalla de la computadora, anhelando recibir el sacramento del Cuerpo y la Sangre del Señor.

En la misa de la canonización de Jacinta y Francisco, el Papa Francisco dijo que «Con la canonización de Francisco y Jacinta, he querido proponer a toda la Iglesia su ejemplo. Después del encuentro con la “bella Señora” — así la llamaban —, ellos rezaban frecuentemente el Rosario, hacían penitencia y ofrecían sacrificios para alcanzar el final de la guerra y por las almas más necesitadas de la divina misericordia».

Cuánto necesita el mundo ahora seguir el ejemplo de esos niños. En su oración Urbi et Orbi a finales de marzo, el Papa Francisco dijo estas palabras: «En esta Cuaresma resuena tu [Jesús] llamada urgente: “Convertíos”, “volved a mí de todo corazón”. Nos llamas a tomar este tiempo de prueba como un momento de elección. No es el momento de tu juicio, sino de nuestro juicio: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es. Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia ti, Señor, y hacia los demás».

Nuestra Señora de Fátima, ruega por nosotros.

Santos Jacinta y Francisco, rueguen por nosotros.

(Traducido por Luis Baudry- Simón)


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