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LA VOZ DEL OBISPO: Las promesas vacías de la anticoncepción artificial

By EXCMO. y RVDMO. MONS. MICHAEL SHERIDAN
08/07/2020 | Comments

Hace cincuenta y dos años el Papa Pablo VI promulgó su histórica encíclica Humanae Vitae (HV), «Acerca de la vida humana», en la que articuló la antigua enseñanza de la Iglesia de que la anticoncepción viola la naturaleza y el propósito del acto sexual humano.

En la década de 1960 se produjo una amplia distribución de los nuevos anticonceptivos orales. También fue un momento de agitación social abrumadora, que exigía la liberación de todas las limitaciones que anteriormente habían atado a la gente a un código moral anticuado. Era la era del «amor libre », y la píldora era justo lo que esta nueva era necesitaba para perseguir todos y cada uno de los placeres sexuales sin consecuencias. Era la tormenta perfecta, y Pablo VI sabía que tenía que hablar con valentía y honestidad, con todo el poder de la Tradición de la Iglesia.

El papa Pablo sabía bien cuál sería la reacción a su encíclica: «Se puede prever que estas enseñanzas no serán quizá fácilmente aceptadas por todos: son demasiadas las voces — ampliadas por los modernos medios de propaganda — que están en contraste con la Iglesia. A decir verdad, ésta no se maravilla de ser, a semejanza de su divino Fundador, “signo de contradicción”, pero no deja por esto de proclamar con humilde firmeza toda la ley moral, natural y evangélica » (HV, 18).

La encíclica fue verdaderamente profética, y de dos maneras. Primero, fue la genuina predicación del Evangelio de la Vida. Dejó claro, como lo había hecho la Sagrada Escritura y la constante enseñanza de la Iglesia, la revelación de Dios con respecto a la sexualidad humana. Humanae Vitae fue profética también en su predicción de una mentalidad anticonceptiva procedente de una amplia aceptación y uso de la anticoncepción artificial. El papa Pablo escribió sobre la facilidad con la que el uso de anticonceptivos podría llevar a la «infidelidad conyugal» y a «degradación general de la moralidad». La gente necesita incentivos para mantener la ley moral, no los medios para violar fácilmente esa ley. Los hombres acostumbrados al uso de anticonceptivos pueden «acaba[r] por perder el respeto a la mujer y, sin preocuparse más de su equilibrio físico y psicológico, llegase a considerarla como simple instrumento de goce egoísta y no como a compañera, respetada y amada». El papa Pablo temía que los gobiernos comenzaran a imponer la regulación de los nacimientos a sus ciudadanos (cf. HV, 17). Estos males, y más, se han materializado.

Los que estaban a favor de la autorización de la anticoncepción insistieron en que no habría nada más bueno que el uso de la píldora. Los abortos disminuirían (porque los embarazos no deseados disminuirían); los matrimonios se fortalecerían (no más miedo a una familia demasiado grande para manejarla); los embarazos de adolescentes disminuirían. Nada de esto sucedió. De hecho, la situación en nuestro país y en el mundo se volvió peor que antes.

La prohibición de la Iglesia de la anticoncepción, sin embargo, no se deriva de sus malas consecuencias. La anticoncepción es errónea en sí misma porque, como se ha señalado anteriormente, viola la naturaleza misma y el propósito del acto sexual humano. «La Iglesia, que interpreta la ley natural a través de su doctrina invariable, recuerda a los hombres y mujeres que las enseñanzas basadas en la ley natural deben ser obedecidas, y enseña que es necesario que todos y cada uno de los actos conyugales permanezcan ordenados a la procreación de la vida humana. Hay una conexión inquebrantable entre el significado unitivo [«dar amor»] y el significado procreador [«dar vida»] del acto conyugal. Esta conexión fue establecida por Dios y no puede ser rota por el hombre por su propia voluntad» (HV, 11 y 12).

La Humanae Vitae sintetiza maravillosamente el significado del acto conyugal y el plan de Dios para vivir el compromiso matrimonial de forma auténtica. La encíclica no trata sólo de lo que las parejas casadas no pueden hacer. Expresa claramente lo que es necesario para una experiencia feliz, sana y plenamente humana del matrimonio, basada en la ley natural y la revelación divina. Y, sin embargo, según mi experiencia, muy pocos cónyuges católicos han leído Humanae Vitae. Animo a todos los católicos a familiarizarse con la enseñanza de la Iglesia sobre la anticoncepción y la regulación de la natalidad.

(Traducido por Luis Baudry-Simón)


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