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LA VOZ DEL OBISPO: La pandemia ha demostrado nuestra necesidad de la Eucaristía

By EXCMO. y RVDMO. MONS. MICHAEL SHERIDAN
03/19/2021 | Comments

Hace varios años, dirigí una peregrinación a Irlanda.  La experiencia más memorable de esos días en la tierra de mis antepasados fue el tiempo que pasamos en una zona que nos llamó de nuevo a la época en que el pueblo irlandés sufrió bajo las leyes penales impuestas por Inglaterra.

Las leyes penales fueron aprobadas contra los católicos en Gran Bretaña e Irlanda después de la Reforma Protestante.  Estas leyes prescribían multas y encarcelamiento por participar en liturgias católicas.  Los sacerdotes católicos, que fueron encontrados ofreciendo misa, o de otras maneras ejerciendo su ministerio, eran arrestados y ejecutados.  Las leyes penales permanecieron en vigor hasta principios del siglo XIX.

Sin embargo, esas leyes no mataron la fe en Irlanda.  Mientras que algunos católicos desertaron a la Iglesia de Irlanda (un antepasado mío del siglo XVII, Thomas Sheridan, un sacerdote católico, eligió convertirse en protestante en lugar de sufrir la muerte), muchos sostenían que su fe era el regalo más importante que habían recibido.  Arriesgarían sus vidas en lugar de abandonar la Eucaristía. Esto significaba que el culto católico — principalmente el Santo Sacrificio de la Misa— tenía que ser ofrecido en secreto.  Una de las formas en que esto se hizo fue por medio de reuniones clandestinas en áreas densamente boscosas, donde un sacerdote, a riesgo de su vida, ofrecería misa.  Fue a uno de esos sitios que nuestro grupo viajó.  Una gran piedra que servía como altar todavía estaba allí.  Al rezar el Rosario recordamos a los muchos que murieron en lugar de permitir que se les quitara la Misa.

He recordado mi tiempo en Irlanda muchas veces durante este último año de COVID.  Al principio, cuando nuestras iglesias estaban cerradas al culto público, muchos fieles católicos escribieron para decirme cuánto extrañaban la Misa.  Algunos me dijeron que incluso el miedo a la enfermedad o la muerte no era suficiente para mantenerlos alejados de la misa dominical.  Como los irlandeses bajo las leyes penales, o los cristianos de los primeros tres siglos, su fe católica significaba todo para ellos.   Ese “ayuno” de la Eucaristía despertó a muchos católicos a cuán importante es el don inestimable de la Eucaristía. 

Ahora, gracias a Dios, la situación en nuestro país está mejorando.  Cada día más personas están siendo vacunadas, y el número de los que están enfermos o han muerto está disminuyendo.  Tenemos todas las razones para creer que estamos llegando al final de nuestro exilio. Nuestras iglesias y nuestras escuelas están a salvo.  Una vez más agradezco a nuestros sacerdotes por proporcionar Misas en streaming para aquellos que no pueden asistir a la Misa.  Aquellos que son vulnerables continúan dispensados de la obligación dominical, pero aquellos que están sanos ahora deben regresar a la celebración en persona de la Misa.  Si puedes ir de compras, comer en restaurantes y mezclarte con tus amigos, no hay razón por la que debas ausentarte de la Misa. 

Las palabras del Papa San Juan Pablo II nos recuerdan la necesidad de la Eucaristía.  “La Iglesia ha recibido la Eucaristía de Cristo, su Señor, no sólo como un don entre otros muchos, aunque sea muy valioso, sino como el don por excelencia, porque es don de sí mismo, de su persona en su santa humanidad y, además, de su obra de salvación. . . Cuando la Iglesia celebra la Eucaristía, memorial de la muerte y resurrección de su Señor, se hace realmente presente este acontecimiento central de salvación y «se realiza la obra de nuestra redención».  Este sacrificio es tan decisivo para la salvación del género humano, que Jesucristo lo ha realizado y ha vuelto al Padre sólo después de habernos dejado el medio para participar de él, como si hubiéramos estado presentes.  Así, todo fiel puede tomar parte en él, obteniendo frutos inagotablemente.  Ésta es la fe de la que han vivido a lo largo de los siglos las generaciones cristianas. (Ecclesia de Eucharistia, 11).

(Traducido por Luis Baudry-Simón)


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