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LA VOZ DEL OBISPO: El bautismo es un don y una responsabilidad

By EXCMO. y RVDMO. MONS. MICHAEL SHERIDAN
04/02/2021 | Comments

El santo Bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el espíritu y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos.  Por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión . . . (Catecismo de la Iglesia Católica, 1213).

Este fin de semana, en la Vigilia Pascual, en esta diócesis y en todo el mundo cristiano, miles de hombres y mujeres bajarán a las aguas del Bautismo, profesando su fe en el Señor Jesús y en su Iglesia.  Saldrán del agua con sus pecados perdonados, habiendo renunciado a Satanás y habiéndose revestido de Cristo.

Pocos de nosotros podemos recordar nuestro propio Bautismo.  La mayoría de nosotros fuimos bautizados como bebés, y así ha sido para la mayor parte de la historia cristiana.  La Pascua, que celebraremos durante cincuenta días, es una maravillosa oportunidad para reflexionar sobre el sacramento del Bautismo.  Quienes han presenciado el Bautismo de adultos en la Vigilia Pascual pueden entender bien la dinámica de este primer y fundamental sacramento cristiano.

El Bautismo es ante todo un don de Dios.  Nadie puede lograr el perdón de sus propios pecados.  Nada de lo que podamos hacer logrará nuestra incorporación al cuerpo Místico de Cristo y nos dará participación en la naturaleza divina.  Todo esto es obra de Dios en su Hijo Jesucristo.  Cuando Jesús fue a la cruz, él tomó con él nuestros pecados y los pecados de todo el mundo.  Al morir destruyó el poder del pecado y al resucitar de los muertos vive una nueva vida. 

En el día de Pentecostés, san Pedro, habiendo recibido el don del Espíritu Santo, invitó a las multitudes reunidas en Jerusalén a arrepentirse y ser bautizadas en el nombre de Jesucristo para el perdón de sus pecados.  Aquellos que aceptaran a Jesús y su evangelio en la fe, serían nacidos de nuevo.  El Bautismo es el renacimiento espiritual “en el agua y el espíritu” que Jesús le dijo al fariseo Nicodemo que era necesario para entrar en el reino de Dios (véase Juan 3:3-8).

Si el Bautismo es un don, también es un compromiso.  Recuerden las preguntas que se les hicieron a los bautizados en la Vigilia Pascual.  La Iglesia les pidió que declararan públicamente su fe en Jesucristo, y su rechazo a todo lo que se opone a él y a su enseñanza.  Esto marca la promesa solemne de los bautizados de que siempre buscarán vivir sus vidas de acuerdo con el evangelio.  En ese momento los candidatos juraron literalmente ante Dios y la Iglesia que serían ejemplos vivos de la fe que se les estaba confiando.

Todo esto pertenece a aquellos que son bautizados como bebés.  Debido a que los bebés y los niños pequeños son incapaces de profesar la fe, la Iglesia exige que la fe sea expresada por alguien capaz de hacerlo: los padres y los padrinos del niño.    El Rito del Bautismo de Niños contiene estas palabras dirigidas a los padres del niño:  “Ustedes, padres, que piden el Bautismo para sus hijos,  deben darse cuenta de que contraen la obligación de educarlos en la fe,  para que, guardando los mandamientos divinos, amen a Dios y a su prójimo, como Cristo nos enseñó”. Y para que los padres sean plenamente conscientes de esta gravísima responsabilidad, continúa el ministro: “¿Se dan ustedes cuenta de la obligación que contraen?”.

No debemos equivocarnos.  Al igual que los adultos bautizados en Pascua juraron rechazar el pecado y abrazar la plenitud de la fe católica, los padres que presentan a sus hijos para el Bautismo también lo hacen.  Si la Pascua es un buen momento para agradecer a Dios el don de la fe y del Bautismo, también es un buen momento para que los padres renueven su compromiso de hacer todo lo posible para alimentar la vida de la gracia en sus hijos.

Muchos católicos, jóvenes y mayores, han estado alejados de los sacramentos de la Iglesia durante un año, o más.  Ahora es el momento de volver a casa.  Es hora de retomar la práctica de la fe católica en su plenitud.  Sobre todo, es hora de volver a celebrar el Santo Sacrificio de la Misa. No podemos esperar a que se erradique el COVID.  Tal vez nunca sea erradicado, así como la gripe nunca ha sido erradicada.  No podemos vivir en el miedo para siempre, especialmente ese miedo que nos impide vivir nuestra fe.

El Señor Resucitado los espera en la Pascua.  ¡Es hora de volver a casa!

(Traducido por Luis Baudry-Simón)


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