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LA VOZ DEL OBISPO: Reflexionando sobre los 50 años de sacerdocio

By EXCMO. y RVDMO. MONS. MICHAEL SHERIDAN
06/18/2021 | Comments

Este año, 2021, es muy significativo para mí.  Este año se cumplen 50 años de ordenación sacerdotal, 24 años de servicio como obispo y mi jubilación del ministerio a tiempo completo. Como pueden imaginar, estos días han sido tiempos de reflexión prolongada sobre mi vida como cristiano y como sacerdote.  Permítanme compartir algunas de esas reflexiones con ustedes.

¿Por qué me llamó Dios para servirle como un sacerdote?  Honestamente, nunca me consideré alguien con habilidades especiales (y ni que hablar de habilidades extraordinarias). A pesar del hecho de que mis maestras de escuela primaria — todas religiosas —, así como los sacerdotes de mi parroquia, me animaron a entrar en el seminario, me pareció claro que el sacerdocio siempre estaba destinado a otra persona, alguien mucho más “calificado” que yo.  No fue hasta mi primer año en la universidad cuando empecé a comprender que la llamada de Dios no se basa en la inteligencia, las habilidades o incluso en la santidad de la persona llamada.  Dios me llamó al sacerdocio porque, desde toda la eternidad, eso era lo que quería que hiciera yo.  Sólo tenía que decirle que sí.  Y le agradezco cada día la gracia que me ha movido a hacerlo.

Una pregunta mucho más desafiante para mí fue esta: ¿por qué me llamó Dios para ser un obispo?  Mientras, de joven, al menos había echado una mirada pasajera hacia el sacerdocio, nunca pensé en ser obispo.  Honestamente nunca quise ser obispo.  Había servido como vicario parroquial, como maestro en la escuela secundaria, la universidad y la escuela de posgrado, y como párroco de dos parroquias.  Sentí que lo había hecho todo, y me encantaba todo.  Cuando aprendí que iba a ser obispo, pensé que Dios había cometido un terrible error, o que tenía un extraño sentido del humor. Cuando le dije a mi obispo que no creía estar a la altura de servir bien como obispo, inmediatamente acalló mis temores con palabras que nunca he olvidado. Dijo con gran convicción que Dios nunca nos pide que hagamos nada para lo que no nos dé lo necesario para lograrlo, si sólo cooperamos con su gracia.

Nunca me he arrepentido ni un momento de haber aceptado la llamada de Dios al sacerdocio y al episcopado. Tal vez otros lo hayan hecho.  Sé que no siempre he llevado a cabo mi ministerio tan bien como debería.  A todos los que se hayan sentido ofendidos por mí de alguna manera, les ofrezco mis más sinceras disculpas.  Les pido su perdón y el perdón de Dios.  Atesoro los años que he tenido el privilegio de servir como obispo de esta maravillosa diócesis.  El apoyo orante y la amistad de tantos clérigos y laicos han hecho que estos años pasen muy rápidamente. Colorado Springs es mi hogar, y espero vivir aquí por tantos años como Dios me dé.

Una pregunta que me hacen con frecuencia en estos días es: ¿qué va a hacer cuando se jubile? Quiero ayudar a nuestro nuevo obispo en todo lo que pueda. Quiero continuar sirviendo como sacerdote y obispo. Pero no se equivoquen, espero tener más tiempo para relajarme, más tiempo para pasar con familiares y amigos, más tiempo para leer los libros que se han ido acumulando en mi oficina y más tiempo para orar y prepararme para el encuentro con el Señor.  Mucha de esa oración será por todos ustedes.  Y les pido que recen por mí.

Las perspicaces palabras de san Agustín en un sermón que dio en el aniversario de su ordenación como obispo corresponden tan bellamente a mis sentimientos: “Mas, si por un lado me aterroriza lo que soy para vosotros, por otro me consuela lo que soy con vosotros.  Soy obispo para vosotros, soy cristiano con vosotros.  La condición de obispo connota una obligación, la de cristiano un don; la primera comporta un peligro, la segunda una salvación.  Nuestra actividad de obispo es como un mar agitado y tempestuoso, pero, al recordar de quién es la sangre con que hemos sido redimidos, este pensamiento nos hace entrar en puerto seguro y tranquilo; si el cumplimiento de los deberes propios de nuestro ministerio significa un trabajo y un esfuerzo, el don de ser cristianos, que compartimos con vosotros, representa nuestro descanso”.

Por último, a medida que nos acercamos al día en que habrá un cambio de liderazgo en la diócesis, pido sus oraciones por el obispo electo Golka.  Parece ser un buen hombre, un santo pastor y un hábil administrador.  Creo que los próximos años serán extremadamente desafiantes para la Iglesia.  El obispo electo Golka está a la altura de ese desafío, pero necesitará el apoyo orante de cada católico.  Todos debemos tomar el estandarte de la misión y, junto con nuestro nuevo obispo, hacer que Cristo sea conocido y amado por los demás.

Sinceramente suyos en Cristo,

Mons. Michael Sheridan, obispo

Administrador Apostólico de Colorado Springs 

(Traducido por Luis Baudry-Simón.)


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