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EL BÁCULO DEL OBISPO: Homilía para la Dedicación del nuevo altar en la Catedral de Santa María 25 de marzo de 2022

By EXCMO. y RVDMO. MONS. JAMES GOLKA
05/06/2022 | Comments

En primer lugar, quiero felicitar a la parroquia de la Catedral por este acontecimiento de dedicar su nuevo altar. En segundo lugar, simplemente llamo su atención y les pido que muevan sus ojos hacia la hermosa piedra de mármol que se encuentra encima de este altar.

El Papa emérito Benedicto XVI ofreció estas palabras de su libro, Un nuevo canto para el Señor: “Si queremos convertirnos en piedras espirituales aptas para construir el edificio espiritual de la Iglesia, debemos aceptar nuestro destino de ser cortados y tallados. Para ser aptos para la casa, debemos dejarnos moldear para los lugares donde se nos necesita”.

Dentro de unos momentos ofreceremos estas palabras de la Oración de dedicación del altar: “Que esta piedra, cortada y modelada, sea para nosotros un signo de Cristo, de cuyo costado traspasado fluyeron la sangre y el agua, por las que se establecieron los Sacramentos de la Iglesia”. Creo que es bueno que recordemos el sacrificio ofrecido a esta piedra de mármol para que podamos disfrutar de un hermoso altar. Esta piedra tuvo que ser cortada y tallada antes de ser colocada en este altar. Esta piedra se convertirá para nosotros en el lugar donde el cielo y la tierra se besarán. Aquí es donde el Espíritu Santo vendrá sobre el simple pan y el vino para hacer para nosotros el Cuerpo y la Sangre celestiales de nuestro Señor.

Hoy también me gustaría sugerir que este cortar y tallar es algo que nos debe ocurrir. Permitimos que Dios nos doble y nos moldee para los lugares donde Dios nos quiere. Lo aprendemos de nuestro Señor en la Cruz, donde es literalmente cortado y descuartizado. También lo aprendemos en cada acontecimiento eucarístico, cuando Jesús se deja romper y derramar por nosotros. Mientras nos preparamos para dedicar esta piedra de mármol, renovemos también nuestra voluntad de permitir que Dios corte y esculpa nuestras vidas para los propósitos de Dios.

La introducción al ritual de hoy dice que la vida de cada cristiano debe ser también un Altar Espiritual. San Ignacio de Antioquía dice: “No me concedas nada más que ser ofrecido como un sacrificio a Dios”. La introducción de este ritual dice también: “los fieles cristianos que dedican tiempo a la oración, que ofrecen peticiones a Dios y hacen sacrificios de súplica, son ellos mismos piedras vivas con las que el Señor Jesús construye el altar de la Iglesia”. En la forma de vivir nuestra vida estamos llamados a ofrecer y sacrificar todo por Dios.

Hoy también nos unimos a toda la Iglesia del mundo para celebrar la solemnidad de la Anunciación del Señor. El Ángel Gabriel viene a María con una Palabra de Dios. La respuesta de María es un modelo para nosotros de cómo ofrecer nuestra vida a Dios. Nos dejamos cortar y esculpir, doblar para darnos forma en los lugares donde se nos necesita. Decimos “sí” a la voluntad de Dios, a menudo con nuestro propio cuerpo. María permitió que su cuerpo fuera “cortado” para que el misterioso amor de Dios la llenara con la Encarnación. Dejemos que su respuesta resuene hoy en cada uno de nosotros: “Soy la esclava del Señor. Que se haga conmigo según tu voluntad”.

El Evangelio de hoy procede del capítulo 5 de Mateo: “Si llevas tu ofrenda al altar, y allí recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí en el altar, ve primero a reconciliarte con tu hermano, y luego ven a ofrecer tu ofrenda”.

Errar es humano. Perdonar es divino. Este altar será para nosotros una puerta hacia lo divino. Aquí es donde nos encontramos con Dios, que moldeará y transformará nuestros errores humanos para que aprendamos el camino del amor. Este altar es el lugar donde aprenderemos a perdonar. Aquí es donde aprendemos los caminos del cielo. Estemos dispuestos a ser moldeados en el camino de Jesús.

Por último, me imagino que, durante un tiempo, todos nos sentiremos sorprendidos al entrar en este espacio de culto. Esto es adecuado. Como católicos, rara vez entramos simplemente en una Iglesia. Buscamos el agua bendita y recordamos nuestro bautismo. Buscamos el Santísimo Sacramento y hacemos una genuflexión. Nos preparamos para un encuentro con el Dios que nos hizo.

Si ninguno de nosotros entra simplemente en una iglesia católica. Es más, ninguno de nosotros “entra” en el cielo sin más. Primero debemos ser santos. Debemos ser moldeados por nuestro Dios. Cortados y tallados. Transformados. Aquí, en este altar, aprendemos el camino del cielo, el camino de Dios. Nos sentimos humildes. Aprendemos a confiar como niños en la infinita misericordia de Dios. Tenemos hambre de lo único que nos satisface: el pan de la vida y el vino de la salvación.

Dentro de unos momentos rezaremos estas palabras mientras nos preparamos para encender las velas de este altar por primera vez: “Que la luz de Cristo brille sobre la mesa de este altar y que los que comparten la Cena del Señor brillen con su luz”. Que esto nos ocurra a nosotros. Amén.

(Traducido por Luis Baudry-Simón)


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