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LA VOZ DEL OBISPO: Planificación de un funeral en la Iglesia Católica Planificación de un funeral en la Iglesia Católica

By EXCMO. y RVDMO. MONS. MICHAEL SHERIDAN
11/03/2017 | Comments

Hace varios años, en “La voz del obispo”, resumí la liturgia de los funerales de la Iglesia, así como las normas para la disposición de los restos del difunto. Algunos sacerdotes y diáconos han informado que aún puede haber cierta confusión sobre esto.  Una breve reseña del Orden para los Funerales Cristianos puede ser de ayuda para aquellos cuyo deber es organizar el entierro de sus seres queridos.  

Planificación de los ritos funerarios.

La familia del fallecido (o los encargados de los arreglos funerarios) deben comunicarse con el párroco tan pronto como sea posible después de que haya ocurrido la muerte.  El sacerdote ayudará a la familia a planificar los ritos funerarios, así como a organizar la Misa de funeral. Es importante contactar a la parroquia antes de hacer los planes finales con el director de la funeraria.  Esto ayudará a asegurar que el sacerdote y la iglesia estén disponibles a la hora solicitada por la familia.

El velorio.

El velorio es la primera parte de los ritos funerarios.  La familia y los amigos del difunto tienen la oportunidad de presentar sus respetos y ofrecer oraciones por el descanso del alma del difunto.  El Orden para los Funerales Cristianos contiene bellas oraciones para los difuntos, así como también para el consuelo de aquellos cercanos al difunto.  Además de estas oraciones, el Rosario es una oración maravillosa en la que todos pueden participar.  El velorio puede ser dirigido por un sacerdote, diácono o laico.

El velorio se puede llevar a cabo en la iglesia parroquial cuando y donde sea posible, pero también se puede usar una funeraria.  Además de la oración, la Vigilia es el momento más apropiado para que familiares y amigos compartan recuerdos del difunto. El ambiente generalmente permite la visualización de fotografías u otros recuerdos que recuerdan la vida del difunto.

A pesar de las opiniones contrarias, eliminar el velorio de los ritos funerarios no disminuye el dolor de familiares y amigos. De hecho, el velorio permite que la comunidad exprese su dolor adecuadamente, así como brinda una oportunidad para que la comunidad ofrezca sus condolencias y apoyo a quienes están afligidos.

La misa de funerales.

La misa de funerales está en el centro de los ritos funerarios y es sin duda la parte más importante de esos ritos.  Los restos (idealmente el cuerpo mismo) del difunto deben ser llevados a la iglesia una última vez para que allí la comunidad cristiana pueda orar por el reposo eterno de aquel que ha fallecido. Las Escrituras que se proclaman y las oraciones de la Misa funeraria también son eficaces para la renovación de la esperanza en la resurrección de los muertos para quienes participan en la Misa de funerales.

Es muy angustioso oír de nuestros sacerdotes y diáconos que a menudo los miembros de la familia le negarán una misa de funerales al difunto. Todo católico tiene derecho a una Misa de funerales, a menos que la persona haya abandonado la Iglesia Católica o haya dejado instrucciones de que no haya Misa de funerales. Simplemente porque los miembros de la familia no sean católicos practicantes o porque solo se espera que muy pocas personas asistan a la Misa, no es legítimo por estas razones eliminar la Misa de los ritos funerarios.  Cuando la misa de funerales no se celebra, no solo se le niega al difunto esta oración tan poderosa, sino que a la comunidad cristiana también se le niega la oportunidad de ofrecer una Misa por su amigo fallecido.

La homilía que se da en la Misa de funerales debe desarrollar las Sagradas Escrituras que fueron proclamadas y debe dar énfasis al Misterio Pascual de la muerte y resurrección de Cristo en el cual participamos por la fe y el bautismo en Cristo. El sacerdote o diácono que predica la homilía puede, por supuesto, relacionar el misterio de la redención con la vida del difunto. La homilía no debe convertirse en un elogio.

Se permite que un familiar o amigo del fallecido ofrezca una breve reflexión (2 o 3 minutos) al final de la misa y antes de la encomienda final.  Esta reflexión debe ser de naturaleza espiritual y apropiada para un entorno litúrgico. Por lo general, solo debe haber una sola reflexión de este tipo, y debe leerse en un texto preparado que se haya compartido previamente con el celebrante de la Misa.

La música para la misa de funerales debe ser música sagrada que sea apropiada para el servicio.  Las canciones seculares que eran las favoritas de los fallecidos no son apropiadas para la Misa, pero podrían cantarse o tocarse en el velorio.

La disposición del cuerpo. 

La disposición de los restos del difunto que prefiere la Iglesia es el entierro del cuerpo en la tierra o en una tumba.  Se permite la cremación siempre que no sea una expresión de falta de respeto por el cuerpo o un repudio a las enseñanzas de la Iglesia sobre la resurrección del cuerpo. Si se elige la cremación, se prefiere llevar el cadáver a la iglesia para la misa fúnebre y la cremación tendrá lugar después.  Si la cremación tiene lugar inmediatamente después de la muerte, los restos cremados pueden ser llevados a la iglesia para la misa fúnebre.

Cuando el cuerpo de un difunto es incinerado, los restos deben ser colocados en un recipiente digno con el nombre del difunto en él.  Los restos cremados deben ser llevados a un cementerio o mausoleo para su sepultura tan pronto como sea posible después de la cremación o después de la Misa de funerales.  Los restos cremados nunca se pueden guardar en el hogar o en cualquier otro lugar que no sea un cementerio o mausoleo. Los restos cremados nunca se pueden dispersar o mezclar con los restos de otra persona. El sacerdote o diácono que preside los ritos funerarios se encarga de garantizar que los restos cremados se entierren en la tierra adecuadamente o en una tumba de manera oportuna.

Nuestra fe nos dice que la muerte no es el fin, sino el comienzo de la plenitud de la vida.  Nuestros ritos funerarios transmiten esa verdad maravillosamente, y estos ritos siempre deben llevarse a cabo con dignidad y respeto.

Que las almas de todos los fieles difuntos descansen en paz.

(Traducido por Luis Baudry-Simon.)


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