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LA VOZ DEL OBISPO: El Sagrado Corazón de Jesús

By EXCMO. y RVDMO. MONS. MICHAEL SHERIDAN
06/15/2018 | Comments

Entre las herejías más tempranas en la historia cristiana están las relacionadas con la persona de Jesucristo.  Fue particularmente difícil para algunos cristianos en los primeros siglos de la Iglesia creer que Jesús era verdaderamente un ser humano.

Convencido de que Jesús era Dios — si no lo fuera, no podría ser el Salvador — no aceptaban su humanidad como algo más que una “apariencia” de la humanidad.  La sola idea de que el Dios eterno llevaría a sí mismo nuestra humanidad débil y pecadora era repugnante para algunos creyentes.

Cuando Jesús predicó durante su ministerio público, sus reclamos de divinidad fueron recibidos con:  “¿No es este el hijo del carpintero?” (Mt 14, 55).  Era inimaginable que este humilde rabino fuera en realidad Dios en la carne.  Y mientras Jesús colgaba de la cruz, la multitud se burlaba del Jesús moribundo, que no era particularmente reconocible como Dios: “Si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz” (Mt 27, 40).

Incluso hay una opinión teológica de que la causa de la caída de Lucifer del cielo fue, de hecho, su rebelión contra la realidad de la Encarnación, que se le permitió prever.  Lucifer y los otros ángeles caídos no creerían que Dios se uniría a nuestra naturaleza humana, una naturaleza inferior a la de los ángeles.

Frente a estas herejías, la Iglesia insistió en que Jesús era verdadera y completamente humana y, al mismo tiempo, verdadera y completamente divina. Él era una Persona divina con dos naturalezas distintas: humana y divina. 

La humanidad de Jesús, a través de la cual Dios redimió al mundo, no es en ninguna parte más prominente que en los relatos de la pasión y la muerte del Señor.  Desde la cruz, inmediatamente después de su muerte, los Evangelios nos dicen que el costado de Jesús fue atravesado por una lanza, y que corría sangre y agua (Jn 19, 34).  Esta imagen del corazón traspasado de Jesús es una de las imágenes más hermosas del amor desbordante de Dios en la carne.

El mes de junio está dedicado el Sagrado Corazón de Jesús, cuya fiesta celebramos hoy. La devoción al Sagrado Corazón creció en un momento de la historia de la Iglesia cuando una nueva herejía, el jansenismo, estaba desenfrenada. El jansenismo dudaba de la bondad de las cosas materiales y del cuerpo humano en particular. Los seguidores de este movimiento herético eran duros y severos en su búsqueda de la santidad.  El cuerpo, argumentaron, era un obstáculo para la santidad y, por lo tanto, debía ser menospreciado.

En medio de este clima teológico, Jesús se apareció a una sencilla monja francesa que ahora conocemos como Santa Margarita María Alacoque.  En 1675, mientras la Hna. Margarita María estaba arrodillada en oración ante el Santísimo Sacramento, Jesús se le apareció y le mostró su Corazón.  “He aquí este Corazón, que tanto amó y que recibe tan poco amor a cambio”, le dijo Jesús.  “Lo que es más triste es que muchas almas consagradas a mí son las que me tratan de esta manera”.

El objeto de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús no es su corazón, como tal, sino su persona misma.  Al detenernos en el misterio del Sagrado Corazón, celebramos el amor de Dios que pasa por la humanidad de Jesús.  Desde el corazón traspasado de Cristo, fluye toda la misericordia que hace posible el perdón de los pecados.  Es una fuente de misericordia que es inagotable y que no admite excepciones o condiciones.

Al principio de su pontificado, el Papa emérito Benedicto XVI habló de esta cualidad de misericordia que se encuentra en el Corazón de Cristo.  Dijo:  “La misericordia es la esencia del cristianismo porque es la esencia de Dios mismo. Dios es Uno en el sentido de que él es entera y exclusivamente Amor, pero precisamente porque él es Amor, él es apertura, aceptación, diálogo.  Y en sus relaciones con nosotros, humanidad pecaminosa, él es misericordia, compasión, gracia, perdón”.

Francisco, en su audiencia general del 6 de junio, recordó a los fieles reunidos que junio está dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, y añadió: “Los invito a orar al Corazón de Jesús durante el mes de junio y a apoyar a sus sacerdotes con cercanía y afecto, para que sean la imagen de este Corazón lleno de amor misericordioso”.

Es el Catecismo de la Iglesia Católica que explícitamente vincula el amor de Jesús por nosotros con su Sagrado Corazón:  “Jesús, durante su vida, su agonía y su pasión nos ha conocido y amado a todos y a cada uno de nosotros y se ha entregado por cada uno de nosotros. . . Nos ha amado a todos con un corazón humano.  Por esta razón, el sagrado Corazón de Jesús, traspasado por nuestros pecados y para nuestra salvación es considerado como el principal indicador y símbolo . . . de aquel amor con que el divino Redentor ama continuamente al eterno Padre y a todos los hombres” (n. ° 478).

Sagrado Corazón de Jesús, haz que nuestros corazones sean como el tuyo.

(Traducido por Luis Baudry-Simon)


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