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LA VOZ DEL OBISPO: Enfrentando el mal

By EXCMO. y RVDMO. MONS. MICHAEL SHERIDAN
08/17/2018 | Comments

Cuando surgieron las noticias sobre el abuso del arzobispo Theodore McCarrick contra menores y adultos hace décadas, me resultó muy difícil creerlo, así como muchos de mis hermanos obispos.

Esas horrendas revelaciones fueron acompañadas por las acusaciones igualmente espantosas de encubrimientos por parte de algunos obispos que sabían de los crímenes del arzobispo.  Ni siquiera puedo comenzar a describir mi propia repugnancia, vergüenza y profunda tristeza.

El cardenal Daniel DiNardo, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos emitió una declaración en nombre de los obispos.  En esa declaración habló con claridad y contundencia sobre lo que debe hacerse ahora en nuestra conferencia de obispos para evitar cualquier abuso de poder y violación de otros, especialmente los niños, por parte de los obispos de este país.  Hay dos puntos que expresó el cardenal que son particularmente importantes:

Primero, cuando los obispos estadounidenses se reúnan en Baltimore en noviembre para su asamblea ordinaria, la cuestión del abuso y el encubrimiento por parte de los obispos será la primera prioridad.  Las discusiones que ya han sido llevadas a cabo por el Comité Administrativo de la conferencia y nuestro trabajo en noviembre estarán orientadas a discernir el curso de acción correcto para tratar de manera efectiva los delitos de nuestros compañeros obispos.  Tenga la seguridad de que ayudaré en este proceso de cualquier manera que pueda. Me doy cuenta de que la credibilidad de los obispos está en su punto más bajo, pero créanme, por favor, cuando les aseguro que el manejo de este tipo de acusaciones y posibles encubrimientos se tomará muy, muy en serio.

En segundo lugar, el Cardenal DiNardo citó con razón “un grave fracaso moral dentro de la Iglesia”.  Todos somos muy conscientes del hecho de que el abuso sexual es desenfrenado en nuestra sociedad en general; pero cuando ese abuso es perpetrado por aquellos que ocupan los más altos cargos de la Iglesia, y cuando están protegidos por otros obispos o sacerdotes, es absolutamente intolerable. ¿Cómo puede ser repudiada tan fácilmente la misma santidad de Dios que se nos ha derramado de tantas maneras?  ¿Cómo puede el sagrado poder dado por Dios a sus sacerdotes y obispos ser usado por algunos para dañar en lugar de proteger a los hijos de Dios?  Estas son las preguntas que deben responderse para que podamos salir de esta oscuridad y comenzar a sanar.

Mis propias oraciones durante estas semanas han sido para las víctimas de Mons. McCarrick y de cualquier sacerdote u obispo que haya abusado.  Solo puedo imaginar el daño que se le ha hecho a sus víctimas. Es comprensible que haya sido la causa de que algunos de ellos renuncien a su fe católica.  Y muchos otros, cuando se enteraron de los pecados de algunos obispos, han tomado el mismo camino.

El cardenal Donald Wuerl, arzobispo de Washington y sucesor del arzobispo McCarrick en este cargo, emitió su propia reflexión sobre este oscuro momento para la Iglesia.  En esa reflexión, recordó las palabras del Papa San Juan Pablo II a los cardenales de los Estados Unidos en 2002:  “Debe quedar absolutamente claro para los fieles católicos y para la comunidad en general que los obispos y superiores se preocupan, por encima de todo, del bien espiritual de las almas.  La gente necesita saber que no hay lugar en el sacerdocio y la vida religiosa para aquellos que podrían dañar a los jóvenes... Debemos estar seguros de que este tiempo de prueba traerá una purificación de toda la comunidad católica, una purificación que se necesita urgentemente si la Iglesia es predicar más efectivamente el Evangelio de Cristo en toda su fuerza liberadora”.

Eso fue hace 16 años.  Mucho se ha hecho para fortalecer la formación de nuestros futuros sacerdotes, así como para proteger a nuestros jóvenes del abuso sexual por parte de cualquier sacerdote, diácono, religioso o empleado de la Iglesia o voluntario, y, sin embargo, ahora podemos preguntarnos: “¿Ha cambiado algo realmente?”.  Yo creo que sí.  Sé que lo ha hecho en esta diócesis, gracias al trabajo de nuestra Oficina de Protección de Niños y Jóvenes, nuestros sacerdotes y los muchos coordinadores de “Capacitación para un Ambiente Seguro” en las parroquias.  Estamos comprometidos a proteger a nuestros jóvenes del abuso, así como a completar la responsabilidad y la transparencia en esos esfuerzos.

Sabemos que hay muchos, muchos buenos y santos sacerdotes y obispos que sirven a Dios y a la Iglesia de maneras ejemplares todos los días.  Necesitan nuestras oraciones mientras sufren a través del mal que se ha manifestado. Nuestros seminaristas necesitan sus oraciones y su seguridad de que confía en ellos en sus intenciones de ser buenos y santos sacerdotes. Y no debemos permitir que nuestra fe sea destruida por los pecados de otros.

Un amigo mío recientemente compartió conmigo estas palabras de Santa Teresa de Ávila.  Se las ofrezco:

Detrás de cada sacerdote hay un demonio que lucha por su caída . . . Si tenemos el lenguaje para criticarlos, debemos tener el doble para orar por ellos.

(Traducido por Luis Baudry-Simon)


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