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LA VOZ DEL OBISPO: La paternidad de Dios

By EXCMO. y RVDMO. MONS. MICHAEL SHERIDAN
06/16/2017 | Comments

Al celebrar el Día del Padre, no debemos olvidar que toda paternidad humana deriva de la Paternidad de Dios.  Hablamos de Dios como nuestro Padre, y a menudo usamos nuestra experiencia de nuestros padres terrenales para entender a Dios como Padre.  Pero el paradigma es siempre el Padre Eterno.

Todavía hay algunos católicos que se ofenden por la atribución del título de «padre» a Dios.  Más que eso, en algunos sectores hay resistencia en usar incluso un pronombre masculino para hablar de Dios o para orarle.  Escucho esto en algunas de las iglesias de nuestra diócesis.  Siempre hay algunos fieles que insisten en convertir cada pronombre masculino que se refiere a Dios a otro «neutro».  Desafortunadamente la mayoría de los editores de cancioneros ya han emasculado nuestros cancioneros, asegurándose de que no cantemos a Dios como masculino.

¿Por qué llamamos a Dios «Padre»?  La respuesta simple es esta: Porque Jesús llamó a Dios su Padre, y eso debe ser suficiente para nosotros.  De hecho, llamó a Dios «Abba», un término cariñoso, mejor traducido como «papá».  Nadie cuestiona el hecho de que Jesús se dirigió a Dios como Padre.  Pero se plantea la objeción de que esto es simplemente un ejemplo de cómo Jesús fue influenciado por la cultura «sexista» de su época.  Esta es la misma objeción que plantean aquellos que dicen que la Iglesia debe ordenar a las mujeres. En otras palabras, Jesús no ordenó a las mujeres porque, cuando caminó por esta tierra, las mujeres no fueron elevadas a la posición de sacerdote o rabino, y Jesús simplemente cedió a la cultura contemporánea.  Este es un argumento engañoso en el mejor de los casos.

Nada de lo que Jesús hizo o dijo fue el resultado de la «presión» de la cultura.  Afirmar esto es hacer a Jesús poco más que cualquier otro ser humano, de hecho, un ser humano muy débil que no podía pensar por sí mismo, y por lo tanto se inclinaba ante las influencias culturales de su época.  Jesús es Dios, un humano, sí, pero también divino.  Lo que Jesús hizo o no hizo es nada menos que una parte del plan eterno de Dios para el mundo.  Si Jesús llamó a Dios su Padre, había una razón para ello.  Si Jesús no llamó a las mujeres al ministerio ordenado, había una razón para ello.

Para ser seguros, la Biblia, particularmente el Antiguo Testamento, algunas veces usa imágenes femeninas para describir a Dios.  Por ejemplo, en el profeta Isaías leemos:  «Porque así dice el Señor: Yo haré correr hacia ella, como un río, la paz; como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones.  Ella los amamantará y los llevará en brazos, y sobre las rodillas los acariciará;  como a un niño a quien su madre consuela, así los consolaré yo (Is. 66, 12-13).  El uso de cualidades maternas como la misericordia y la ternura para hablar de Dios es perfectamente comprensible.  Pero en ninguna parte la Biblia habla de Dios sino como Padre, y nunca como Madre.

Sabemos que Dios en sí mismo no tiene género.  Dios es espíritu puro. No posee características humanas.  Ni la Biblia en general ni el mismo Jesús nos dicen explícitamente por qué Dios es identificado como masculino, pero podemos apreciar con facilidad por qué se usa ese lenguaje.  Dios es llamado Padre por analogía.  Cuando nos dirigimos a Dios como Padre, al igual que su Hijo Jesús, entendemos que Dios posee ciertos atributos que identificamos con un padre terrenal; Pero sabemos también que Dios posee estas cualidades de una manera diferente.

Dios es Padre porque es la fuente y principio de toda la creación.  Nuestra experiencia de la paternidad humana y la maternidad en el acto de la procreación revela que un padre es un agente de la concepción de una manera que difiere de la de las madres.  Ambos procrean, pero es el padre quien inicia el acto y la madre quien reciba ese acto.  Esto de ninguna manera disminuye el papel de la madre.  Simplemente señala que hay una prioridad en el papel del padre.

Al final, este tipo de explicaciones no satisface a quienes están convencidos de que el uso de la terminología masculina para hablar de Dios es sólo una forma de sexismo.  Pero debemos darnos cuenta de que la Iglesia no cambiará las palabras que Jesús habló, ni el lenguaje de la teología trinitaria ni el Signo de la Cruz hecho antes de la oración.  Estas palabras no son el resultado de una elección arbitraria.  Representan la revelación divina.

Rezo para que todo padre cristiano, y esto incluya a los sacerdotes, busque imitar a Jesús, que es la imagen perfecta de su Padre.  Jesús es el Novio de su Iglesia.  Jesús es el que ama tanto a su esposa que dio su vida por ella.  Como Jesús, todo auténtico padre cristiano se entrega totalmente a su novia y a sus hijos.  Es en y por medio de Jesucristo que estamos sumidos en el misterio de la Santísima Trinidad, donde Dios es Padre de todos.

(Traducido por Luis Baudry-Simon.)


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