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LA VOZ DEL OBISPO: Oremos por las almas del Purgatorio

By EXCMO. y RVDMO. MONS. MICHAEL SHERIDAN
11/04/2016 | Comments

En la mayoría de días del año litúrgico de la Iglesia, se presentan uno o más santos para nuestra veneración y celebración. El 1 de noviembre celebramos la Solemnidad de todos los Santos, los hombres y mujeres santos de cada época y lugar, que ahora disfrutan de la plenitud de la vida y la alegría con Dios en el cielo. 

Sabemos los nombres de algunos de ellos porque han sido canonizados y elevados para nuestra emulación y devoción. Podemos asumir con seguridad que hay muchos otros santos cuyos nombres no conocemos pero que, sin embargo, honramos también en este día.

La devoción a los santos es un sello importante de nuestra fe católica. ¿Por qué es tan importante que conozcamos a los santos y los veneremos? Porque los santos son nuestros héroes de la fe. Hombres y mujeres como nosotros, los santos son ejemplos muy reales de santidad y perseverancia, que a menudo afrontaron grandes sufrimientos. Los santos son personas del clero, religiosos(as) y laicos; hombres y mujeres; jóvenes y viejos; de todas las vocaciones y circunstancias de la vida y de cuyos ejemplos de vida santa tomamos inspiración. Ellos han completado su peregrinaje hacia el cielo y nos invitan a seguirlos, asegurándonos que, con la gracia de Dios, nosotros también podemos llegar a ser santos.

La Iglesia nos exhorta a conocer a los santos y familiarizarnos con sus vidas. La Constitución Dogmática sobre la Iglesia del Concilio Vaticano II nos recuerda que los santos nos muestran el rostro de Cristo; Él nos habla a través de ellos(as). Llegamos a conocer a Cristo al conocer las vidas heroicas de los santos. San Jerónimo dijo que la ignorancia de las Escrituras es la ignorancia de conocer a Cristo. Bien podríamos añadir que la ignorancia de los santos es también la ignorancia de Cristo.

Los santos dan testimonio del poder y el amor de Dios manifestados en Sus criaturas. En las palabras de la Constitución sobre la Iglesia: “Todo genuino testimonio de amor que ofrezcamos a los bienaventurados se dirige, por su propia naturaleza, a Cristo y termina en Él, que es ‘la corona de todos los santos’; y a través de Él va a Dios, que es admirable en sus santos y glorificado en ellos.” (No. 50).

Noviembre es también el mes de las almas del purgatorio. Durante todo el mes, la Iglesia nos exhorta a orar por todos aquellos que nos han precedido, marcados con el signo de la fe. Y el Catecismo de la Iglesia Católica (No. 1032) nos enseña que la oración por los difuntos es una de las obras espirituales de misericordia.

La práctica católica de orar por los difuntos está vinculada con nuestra creencia en la realidad del purgatorio. A menos que muramos en un estado de perfección espiritual, es decir, no sólo con todos nuestros pecados perdonados, sino también con todos los castigos temporales productos del pecado, redimidos, no podemos entrar en cielo. Nada imperfecto puede entrar en la presencia de Dios. “Todo aquel que muere en la gracia y amistad de Dios, pero que aún está imperfectamente purificado, aunque esté seguro de su eterna salvación, sufre después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo. La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta al castigo de los condenados.” (Catecismo N° 1030-31).

Puesto que no sabemos qué almas están en el purgatorio y cuáles no, oramos por TODOS los fieles difuntos, especialmente por aquellos que estuvieron más cerca de nosotros en esta vida o aquellos más necesitados de oraciones. Aun cuando una persona pudo haber llevado una vida ejemplar, nadie excepto Dios sabe si esa persona fue inmediatamente al cielo en el momento de morir. Por esa razón es realmente una injusticia suponer que alguno de los fieles difuntos (a menos que esté canonizado por la Iglesia) no necesita de nuestras oraciones. Como las almas del purgatorio no pueden rezar por sí mismas, ellas dependen de nuestras oraciones, especialmente de la Santa Misa ofrecida por ellos.

Así como nuestra oración por las almas del purgatorio no debería limitarse al mes de noviembre, así también nuestra devoción a los santos debe ser una parte normal de nuestras vidas espirituales como católicos. Los animo a leer una de las muchas antologías detalladas de los santos y a familiarizarse con sus vidas santas, especialmente de aquellos santos que se celebran en el calendario litúrgico de la Iglesia. Busquen su santa intercesión puesto que ellos adoran en el trono celestial. Con qué frecuencia les pedimos a nuestros hermanos católicos que oren por nosotros, cuánto más debemos pedir las oraciones de aquellos cuya santidad los ha llevado a estar cara a cara con Dios en el cielo. Lo repito, la Constitución sobre la Iglesia expresa nuestra fe de manera muy hermosa:
Todos los Santos de Dios, ruegen por nosotros.
Que, por la misericordia de Dios, las almas de los fieles difuntos descansen en paz.


(Traducido por Carmen y Rudy López de la Catedral Santa María.)


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