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LA VOZ DEL OBISPO: Celebrando las escuelas católicas

By EXCMO. y RVDMO. MONS. MICHAEL SHERIDAN
02/03/2017 | Comments

En la declaración de 1990, “En favor de las escuelas católicas de primaria y secundaria,” y luego en la declaración de 2005, “Renovando nuestro compromiso con las escuelas católicas de primaria y secundaria en el tercer milenio,” los obispos de los Estados Unidos hicieron tres ambiciosos compromisos:

  • Las escuelas católicas continuarían brindando una educación, de la más alta calidad, basada en el Evangelio.
  • Las escuelas católicas estarían disponibles, accesibles y asequibles para todos.
  • Las escuelas católicas contarían con administradores y maestros altamente calificados, quienes recibirían salarios y beneficios justos.

Entonces, ¿cómo estamos haciendo para cumplir estas metas? Echemos un vistazo.

¿Qué distingue a una escuela católica de las demás? No son las cosas externas, todas las campanas y silbatos que podemos encontrar en las escuelas y que son pagadas por los contribuyentes. Más bien, las escuelas católicas proporcionan una educación que está literalmente empapada en los valores del Evangelio de Cristo. Las escuelas públicas, sin importar que tan bien equipadas estén, no harán eso — ni están permitidas de hacerlo.

Cuando las escuelas católicas ofrecen una educación basada en el Evangelio, esto de ninguna manera implica que, en general, carezca de la calidad educativa en las tan llamadas materias “seculares”. En el Manual de investigación sobre la elección de la escuela de Mark Berends (2009), la investigadora Helen Marks encontró que, cuando el aprendizaje se realiza en un ambiente de fe y valores morales, los resultados de los exámenes y otros logros académicos superan a los de estudiantes de las escuelas públicas. Revisen la Evaluación Nacional del Progreso Educativo, informe anual del Departamento de Educación de los Estados Unidos, en el que encontrarán comparaciones entre el rendimiento académico de los estudiantes de escuelas católicas y públicas. Los estudiantes de las escuelas católicas consistentemente obtienen puntajes más altos que sus contrapartes de las escuelas públicas. Esa es la clase de escuela católica que queremos en esta diócesis. De hecho, esa es la clase de escuelas que tenemos, escuelas con administradores calificados y excelentes maestros.

Sin querer menospreciar de manera alguna a los programas de educación religiosa que se ofrecen en las parroquias, el sentido común nos dice que un niño no puede estar tan bien formado en la fe con una hora a la semana de educación religiosa, como lo estará en una escuela católica a tiempo completo. Mary Gautier, en un artículo titulado “La educación católica ¿hace realmente la diferencia?” (National Catholic Reporter, 2005), encontró que los graduados de las escuelas católicas son, de manera notable, diferentes a los católicos que no asistieron a una escuela católica en cuatro áreas importantes: la fidelidad a la Misa dominical y un profundo sentido de la oración; mantener actitudes pro vida; considerar una vocación religiosa de manera personal; y en el apoyo continuo a la iglesia local y comunidad, de índole financiero y a través del servicio por el resto de sus vidas adultas.

Estos mismos resultados fueron verificados por la misma autora en un estudio más reciente. La Sra. Gautier escribe: “Las escuelas católicas están menos disponibles hoy que lo que estaban hace 50 años y menos católicos están enviando a sus hijos a una escuela católica . . . Sin embargo, los datos muestran que, el asistir a una escuela católica hace la diferencia en muchos aspectos de la identidad y práctica católicas. Para los hispanos en particular, la educación católica también puede hacer una diferencia en el nivel socioeconómico” (National Catholic Reporter, 2011).

Cuando se les pregunta a los padres por qué no matriculan a sus hijos en una escuela católica, la respuesta número uno es siempre la misma: “No podemos pagarla”. No hay duda de esto. Las escuelas católicas son caras — demasiado caras para muchas familias. Entonces, ¿podemos hacer que las escuelas católicas sean asequibles para todos? Creo que podemos – si cada católico hace su parte.

Ninguna escuela católica puede ser financiada, de manera adecuada, sólo por los padres. Toda la iglesia — todos y cada uno de los católicos, sea que su parroquia tenga o no una escuela — es responsable de ver que la fe se transmita a la próxima generación. Y, si se ha demostrado que las escuelas católicas son la mejor garantía para que nuestras parroquias católicas sobrevivan a la próxima generación, entonces  nosotros — cada uno de nosotros — debemos ver que nuestras escuelas católicas sobrevivan y crezcan.

¿Acaso es irrazonable pensar que cada escritorio de nuestras escuelas pueda estar lleno y que podamos construir aún más escuelas? No, si todos contribuimos con nuestro tiempo, talento y tesoro. No, si ponemos la formación de nuestros niños como número uno en nuestra lista de prioridades. Entonces, y sólo entonces, nuestras escuelas estarán disponibles, accesibles y asequibles para todos.

Como obispo, estoy comprometido a la prédica del Evangelio y la formación en la fe de todos los católicos. No puedo hacerlo eficazmente sin las escuelas católicas. Es por esto que el mantenimiento y crecimiento de las escuelas católicas es mi prioridad número uno. Ruego para que cada católico adopte esta misma prioridad.

Al concluir nuestra celebración anual de la Semana de Escuelas Católicas (29 de enero - 4 de febrero), aprovecho esta oportunidad para expresar mi profundo agradecimiento a los administradores, docentes y personal de nuestras escuelas católicas. Ellos están listos cada día para ayudar a los padres en el cumplimiento de su deber de educar a sus hijos en la fe católica. ¡Qué Dios bendiga a estos educadores por la maravillosa labor que realizan!

(Traducido por Carmen y Rudy López de la Catedral Santa María.)


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