A medida que avanzamos en el mes de febrero, nos preparamos para entrar una vez más en la temporada de Cuaresma. Este tiempo penitencial en el calendario litúrgico es una gran bendición para nosotros porque la Iglesia sabe que necesitamos que nos recuerden la importancia de la metanoia o conversión que siempre está en el centro de la vida cristiana. En las Escrituras del Nuevo Testamento, la palabra griega metanoia que se traduce como “conversión” significa literalmente dar la vuelta, y para el cristiano, esto implica apartarse del pecado y volver a Dios. Nuestro camino de conversión comienza en el Bautismo cuando nuestra antigua naturaleza pecaminosa es crucificada y enterrada con Cristo y resucitamos con él a una nueva vida de gracia. Como enseña San Pablo:
¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva (Romanos 6, 3-4).