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LA VOZ DEL OBISPO: La Cuaresma es un tiempo para aumentar nuestro celo por la fe

By EXCMO. y RVDMO. MONS. MICHAEL SHERIDAN
03/06/2020 | Comments

Entre los privilegios únicos de un obispo está el de conferir los Sacramentos de la Confirmación y el Orden Sagrado. Sin embargo, hay otra alegría muy especial para el obispo. Es la oportunidad de presidir el Rito de Elección anual, celebrado el primer domingo de Cuaresma.

Para aquellos que no están familiarizados con el Rito de Iniciación Cristiana de Adultos de la Iglesia (del cual forma parte el Rito de Elección), esto exige una explicación. El Rito de Elección, que debe celebrarse en la iglesia catedral (pero no puede tener lugar allí porque la iglesia es demasiado pequeña), formaliza la aceptación por parte del obispo de todos aquellos catecúmenos y candidatos a la plena comunión con la Iglesia Católica que se han estado preparando a través de la oración y el estudio para entrar en la Iglesia Católica. El obispo y la comunidad reunida rezan para que los días de Cuaresma sean especialmente fructíferos, ya que los catecúmenos y los candidatos comienzan su último período de preparación para la admisión en la Iglesia Católica en Pascua.

El rito es sencillo, pero tiene efectos poderosos en los que participan. El entusiasmo y la alegría tan obvia de un «nuevo» católico son contagiosos. Sé que se me pegan todos los años en el Rito de la Elección.

La Cuaresma es el momento perfecto para que todos y cada uno de nosotros, «viejos» católicos, nos renovemos en nuestro celo por la fe que recibimos en nuestro bautismo. Como sabemos muy bien, una pereza espiritual se instala con el paso del tiempo. La alegría de nuestra juventud puede disiparse a medida que nos familiarizamos con los misterios de nuestra fe. Antes de que nos demos cuenta podemos encontrarnos simplemente pasando por los movimientos, a menudo encontrando la práctica de la fe más como una obligación y una carga que como un gozo y un privilegio.

Cada uno de nosotros recibe muchas gracias durante estos días de Cuaresma. Por supuesto, no hay nada de «magia» en la gracia. Debemos aceptar y cooperar con las gracias de Dios si queremos crecer en nuestro amor por Él y por nuestra fe. Aquí hay algunas sugerencias para hacer el mejor uso de esta Cuaresma. (Por cierto, no te desanimes si sientes que has desperdiciado esta primera semana de Cuaresma. ¡Empieza ahora!)

Tómate en serio la práctica de la penitencia. Nuestra cultura es una cultura autoindulgente que nos convencería de que la felicidad y la realización se encuentran en la satisfacción de cada uno de nuestros deseos. Sólo cuando podamos decir no a este engaño podremos abrirnos a Aquel que puede satisfacer todos los anhelos humanos: Dios mismo. La verdadera penitencia de Cuaresma debe resultar en la purga del pecado de nuestras vidas. Liberados de la carga de la culpabilidad, podemos dedicarnos a actos desinteresados y valientes de amor a Dios y a los demás, especialmente actos de amor y solidaridad con los pobres y los que sufren en medio de nosotros. Todas nuestras prácticas penitenciales están destinadas a llevarnos al Sacramento de la Penitencia (Reconciliación). Nadie que se tome en serio la idea de apartarse del pecado puede evitar el sacramento del perdón de pecados de Dios.

Tómate en serio la oración. La oración se define a menudo como «las palabras que decimos a Dios». Esto es cierto, pero no está completo. La oración también debe incluir la escucha de Dios. No hay mejor manera de permitir que Dios nos hable que tomando sus Sagradas Escrituras y atendiendo a su voz. He aquí una simple sugerencia para la Cuaresma, pero que creo que dará mucho fruto. Lee despacio y en oración uno de los cuatro Evangelios. Sólo un capítulo al día. Haz una pausa mientras lees el Evangelio para dedicar un poco de tiempo a escuchar atentamente. Pregúntate a ti mismo: ¿Cómo este pasaje tiene significado para mí y para la situación de mi vida? ¿Qué me está diciendo Dios ahora mismo? ¿Cómo puedo responder a la invitación del Señor a seguirle? Esta práctica de orar con las Sagradas Escrituras ha sido la ocasión de una apasionante renovación de la fe para muchos católicos. Y rezar con las Escrituras en presencia del Santísimo Sacramento es doblemente enriquecedor.

Tómate en serio la limosna (administración del tesoro). ¿Alguna vez has considerado hacer del diezmo bíblico una parte de tu vida? ¿Lo has considerado, pero luego lo has descartado rápidamente como poco realista? ¿Qué tal si pasamos algún tiempo en esta Cuaresma para discutir con los miembros de tu familia lo que significa ser un verdadero administrador de las bendiciones terrenales que Dios te ha dado? Oren como familia y pidan a Dios la fe para practicar el diezmo bíblico, es decir, devolverle a Dios una décima parte de todo el tesoro que Él les ha dado. Si piensas que eso es sólo un uso imprudente de tu dinero, tómate el tiempo para hablar con alguien que practica el diezmo. Deja que te digan cómo ha cambiado su vida — y sólo para mejor.

Nuestra observancia anual de la Cuaresma tiene el mismo propósito cada año: llevarnos a la celebración de la Pascua (y más allá) rejuvenecidos y renovados en la fe. La Cuaresma debería ayudarnos a sentirnos como uno de esos «nuevos» católicos, no importa cuánto tiempo hayamos sido católicos. Tomemos en serio la Cuaresma.

(Traducido por Luís Baudry-Simón.)


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